capitulo 29

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Farasha.

Hoy puedo decir con firmeza que fue el día más feliz de mi vida. Me impresiona la facilidad con que Jacob me sorprende siempre que lo veo. No me equivoqué cuando dije que es mucho para mí.

Es un ser tan vulnerable en un mundo tan grotesco. Quisiera hacerlo chiquito y meterlo en mi bolsillo para que nadie pueda hacerle daño.

Así seguimos viaje, con la música suave y las flores frescas, disfrutando del momento y de la compañía mutua. Sonreía como boba mientras Jacob se bajaba del auto y me abría la puerta.

Ahora cada vez que ando en auto con mi papá, mi mamá o con Jasper, suelo esperar, pensando que Jacob va a venir a abrir la puerta.

-"Gracias"dije

mientras me bajaba del auto. Jacob me sonrió también y se quedó frente a mí, mirándome con cariño. Sentí mi corazón latir un poco más rápido.

_"De nada" respondió.
_"Me alegra haber pasado el día contigo."
_"Si fuera el último día de mi vida en la tierra y me tocara elegir qué hacer antes de morir, no lo dudaría y pasaría el último día de mi vida contigo", dijo mirándome fijamente.

Quedé paralizada con eso último que dije. ¿De dónde sacaba tantas frases lindas? No pude evitar sonrojarme, sintiendo mis cachetes arder.

Queriendo ocultar mi sonrojo, levanté el ramo de flores y las olía con nerviosismo.

-"Me encantaron las flores" dije.
-"Y me encantó el día. Fue el día más feliz de mi vida, no me importaría que fuera el último."

En ese momento, Jacob se rió y se acercó un poco más a mí, lento y suave, como si estuviera apreciando una obra de arte.

_"Me haces bien, me haces feliz, me complementas", dijo, susurrando. "Tampoco me importa morirme en este preciso momento, ya te encontré, y ya experimenté lo que es estar vivo y sentir felicidad. Pero lo más importante, me enseñaste lo que es el amor."

Lo decía mientras me miraba fijamente, y yo sentía como mis piernas temblaban.

En ese momento, mís ojos voltearon a la ventana de mi casa y vi que mi mamá estaba observando, nerviosa.

Rápido lo apartó de mi, notando que el  también vio que mi mamá nos observaba.

"Te veo pronto", dijo.

Sonriendo me acerque a la entrada y entré a mi casa, cerrando la puerta detrás de mí. Me quedé un momento escuchando el sonido del auto de Jacob alejándose.

Me sentí feliz, tranquila, a pesar de saber que tendría una conversación seria con mi mamá. Nada importaba en ese momento, solo él y yo.

Al llegar a la cocina, noté que mi madre estaba con un café, esperándome.

En ese momento, tenía ganas de salir corriendo, desmayarme o morirme.

_"Siéntate, tenemos que hablar", dijo mi mamá.

-"Adelante, te escucho", respondí, tratando de sonar tranquila, aunque mi voz se quebraba.

_"Farasha, yo te eduqué para que cuando llegue este momento, tengas la confianza para venir y contarme las cosas."

Me pareció injusto que me dijera eso, después de que siempre me había ignorado o regañado cuando intentaba contarle mis cosas.

-"Cuando intentaba contarte mis cosas, me regañabas o me ignorabas", dije. "¿Eso es brindarle confianza a tu hija?"

Mi mamá no respondió, simplemente me miró con una expresión seria.

_"Sabes que no me voy a interponer en tu vida, ni tampoco impedirte el hecho de que tengas novio", dijo finalmente. _"¿Pero justo el? ¿Quién te vio crecer? Amigo de tu hermano y mucho mayor que tú."

Me sentí enfadada con su respuesta.

-"No sé por qué él", dije. "Pero lo único que sé es que cuando todos me daban la espalda, él a pesar de estar lejos siempre encontraba una manera, ...de mantenerme cerca, me ayudó mucho a lo largo de mi vida y hasta el día de hoy me sigue ayudando, lo amo y lo amaré siempre".

Me levanté de la silla y miré a mi mamá con determinación.

-"Quiero que desde ya sepan que no me importa si aceptan o no a Jacob, a la única que le debe importar es a mí, y yo lo amo, es mi última palabra".

En ese momento, esperaba gritos de mi madre, que se levantara y me regañara, pero no pasó. Simplemente quedó observandome, mientras me dirigía a mi habitación.

Me sentí aliviada de haber expresado mis sentimientos, pero también sabía que esto no iba a ser fácil. Mi mamá no iba a aceptar a Jacob tan fácilmente, y yo iba a tener que luchar por mi relación. Pero estaba dispuesta a hacerlo, porque sabía que Jacob era el hombre de mi vida.











Jacob:

Me despedí de Farasha.  Su madre nos había visto desde la ventana. Me quedé viéndola mientras iba corriendo nerviosa para entrar a su casa.

Subí al auto y estaba a punto de arrancar cuando vi llegar al padre de Farasha.  Nos dimos un apretón de manos y me saludó con un gesto amable.

_"Señor Russel", dije, devolviendo el saludo.

-"¿Jacob, estuviste con Farasha?", me preguntó con una sonrisa inquisitiva.

No pude ocultar mi sonrisa, así que asentí.

_"Sí, señor. Pasamos el día juntos."
_"¿Y usted? ¿Cómo estuvo su día?", pregunté con interés genuino.

-"Estuve buscando un departamento", respondió, "pero aún no encontré nada. Vine a ver si puedo pasar la noche en casa de la madre de Farasha."

Una idea me iluminó.

_ "¿Me permite que lo lleve a ver un departamento? Conozco uno que podría ser perfecto para usted."

El señor Russel se sorprendió, pero luego sonrió.

-"Por supuesto, Jacob. Me encantaría verlo."

Lo llevé a casa de mi abuela, un refugio para mí durante mucho tiempo.  Le mostré las habitaciones, la cocina, y le conté que era mi casa, un regalo de mi abuela, aunque no vivía allí porque… bueno, porque el departamento donde vivo ahora está más cerca de mi trabajo.  No quería admitir que vivir allí me traía demasiados recuerdos del pasado.

Al principio, el señor Russel dudó, pero insistí y finalmente aceptó.  Me sentí aliviado de haber podido ayudarlo, y también de haber compartido un poco de mi vida con él.  Sentí una conexión inesperada con él, una calidez que me sorprendió.



....
Al salir de casa de mi abuela, decidí hacerle una visita al señor Russel con algunos obsequios para que se sintiera más cómodo en su nuevo hogar.  Le compré provisiones básicas: pan, leche, fruta fresca, además de sábanas y toallas nuevas.  Quería que se sintiera lo más a gusto posible.  También preparé una cena ligera: un apetitoso sándwich de pollo, una ensalada fresca y unas galletas.  Me sentía bien haciendo algo por él, después de todo, gracias a él existe Farasha, y por eso le estaré eternamente agradecido.

Llegué a la casa y toqué el timbre. El señor Russel me abrió la puerta, sorprendido al verme con las bolsas de la compra y la comida.

"Jacob, ¡no tenías que haberte molestado!", exclamó, con una sonrisa cálida.

"No es molestia, señor", respondí. "Solo quería asegurarme de que se sienta cómodo en su nuevo hogar."

Cenamos juntos y charlamos animadamente.  Me sentí feliz de pasar ese tiempo con él; su amabilidad y sencillez me recordaban mucho a Farasha.  La similitud entre padre e hija era conmovedora.

Mi MerakiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora