32. GUN

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Mi cabeza estaba descansando en el pecho de Off, y escuchaba el latido de su corazón. Eran casi las cuatro de la mañana cuando susurré:
—Háblame sobre Irina. La mano de Off, entrelazada con la mía sobre su pectoral derecho, se puso tensa. El pulgar que acariciaba mi mano se quedó quieto. —No me gusta hablar sobre ella.
Sabía eso. Había visto como reaccionaba cuando mencionaban su nombre, pero esto era importante para mí. Tenía que decírselo de una manera que él pudiera entender. —Estoy por aquí, Off. Voy a conocerla algún día. Es tu deber, como mi hombre, informarme a qué me enfrento. —Dejé que eso hiciera efecto—. Te amo. Amo a Nirim.
Ahora soy parte de tu vida y sé que es difícil para ti, pero dame algo, cariño, lo que sea. Se quedó callado un largo rato, pero escuché que incrementaba el latido de su corazón. Dejó salir un suspiro largo. —Ella era muy hermosa. Auch. No era un muy bien principio. Continuó. —Era intocable. Todo el mundo sabía que los Alkaev estaban fuera de los límites hasta que llegara el momento en que su padre escogiera con quién debería casarse.
Así que cuando Irina se acercó a mí, fui cauteloso. Nos hicimos algo así como amigos.
Me gustaba escucharla hablar. Pasó un mes y ella me besó. Le dije que no estaba buscando una relación; me dijo que ella tampoco y que lo que hiciéramos juntos se quedaría en privado, así que su padre no lo sabría. Nada demasiado sórdido hasta ahora. Seguí escuchando. —Imagínate mi sorpresa cuando llegamos a la habitación y descubrí que Irina estaba muy familiarizada con el sexo. Me aturdió. Ella sabía cosas que ni siquiera yo conocía. Debería haber sido una señal de que algo estaba mal, pero me dije que Irina era mi amiga. Tuvimos sexo varias veces durante tres meses, siempre usando protección. —Sonaba abatido—. Ella insistía con la protección. Nunca pensé que estuviéramos en riego. Nunca pensé que ella sería de las que se pondría a manipular condones. Un pequeño jadeo salió de mí. —¿Estás diciendo que te engañó para dejarla embarazada? —Sí y no —dijo calmadamente—. Su padre forzó la situación. Lo había planeado todo desde el principio. Todo salió a la luz después de que se confirmara el embarazo.
Su familia entera se encontró con Sasha, Nastasia y conmigo en la casa de Sasha. Su padre, el bastardo presumido, me dijo que debía casarme con Irina e ir a trabajar con él, con su firma, Zakon. Sacudió su cabeza. —No me conocía lo suficientemente bien como para adivinar que mi respuesta iba a ser que no. Irina estaba totalmente sorprendida. Me dijo que nunca se casaría con un retardado como yo de todas maneras. Un jadeo más fuerte se escapó de mí. —¡No lo dijo! —gruñí—. ¡La muy perra! Besó mi frente. —Lo dijo, pero no creo que lo dijera en serio. Solo fue después de que descubrió que no quería casarme con ella que se volvió desagradable. Creo que esperaba que tuviéramos a Nirim, la criáramos juntos, y quedáramos como amigos. Cuando le dije a Irina que quería el bebé pero no el matrimonio, su padre pasó al plan B. Nos dijo que Irina tendría que terminar el embarazo si se quedaba sin esposo. Les dije que harían eso sobre mi cadáver. Resopló fuerte. —Les pagué mucho dinero para evitar que Irina se hiciera un aborto. Se mudó aquí, contraté a Mirella para que la cuidara, y para asegurarme de que no maltratara al bebé. Mientras siguió entrando dinero, el padre de Irina, Igor, estaba feliz con la situación. —¿Por qué? —le pregunté—. ¿Por qué te quería en su firma? ¿No sabía que te habías negado a ser parte de la firma de tu propio padre? Asintió.

—Sí, lo sabía. Igor Alkaev era parte de Chaos. Trabajaba como subordinado de mi padre. Sabía demasiado bien que no me uniría. Intentó forzarme porque sabía lo mucho que a mi familia le había beneficiado que yo conociera la bolsa de valores como la palma de mi mano. Mis cejas se alzaron. —¿Tienes acciones? —Luego se fruncieron—. Espera. ¿Como de rico eres? Su cuerpo se sacudió en silencio. —Lo suficientemente rico para proveer a mi hija. Ella nunca va a necesitar nada más. —Está bien, entonces él te quería porque estaban pasándolo mal para conseguir dinero. Se encogió de hombros. —Por lo que sé estaban extremadamente bien. Bastardos. —Solo eran codiciosos, entonces. —Sí, eso me temo. Es como los ricos que se quedan ricos, Ratón. Algunas personas estaban podridas hasta las entrañas. —¿Y ahora?
—Les pago dinero que no necesitan, e Irina no desaparece con mi hija. —Su voz salió en un gruñido—. Esto me enfada. Se mudó a otro estado solo para fastidiarme.
Solo para hacer las cosas difíciles, para que así no pudiera ver a mi Niri. Habló en voz baja:
—La odio. No lo culpaba. Tenía razón en odiarla. La historia de que era una chica victima de los numeritos crueles de su padre no me lo creía. Ella seguía con ello sabiendo muy bien lo que estaba haciendo. Irina Alkaev era una cabrona. —La extraño —le dije, dándome cuenta que no estaba siendo de ayuda—.
Extraño a Nirim. Off no dijo nada, solo pasó su cálida mano arriba y abajo por mi brazo. —Debería estar en casa, Off. Pertenece aquí. Pellizcó ligeramente mi mentón, forzándome a mirarlo a los ojos. —¿Confías en mí? —Sí —susurré inmediatamente, porque confiaba en él. Plantó un suave beso sobre mis labios, hablando contra ellos.
—Entonces confía.

Sus palabras hicieron que me estremeciera. Sonaba como si tuviera un plan. Sonaba como una promesa.

"OFF"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora