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Qué añoranza es ver que alguien guíe tus pasos,
qué alegría saber que no cargas tus lazos.
Y qué tormento es el mío, que al intentar soltarte, mi alma se aferra, queriendo adorarte.

Qué dolor tan amargo me ahoga en silencio, al ver que tus huellas ya no marcan mi tiempo.
Qué agonía es decir que ya no te extraño, si mi corazón late por ti con todo su daño.

Qué alegría y tristeza navegan mi calma, pues aunque me aleje, sigues en mi alma.
Qué destino tan cruel, qué lección tan sombría,
que aunque me despida, aún te querría.

Personas y senderos hoy llenan tu vida, y en la mía, vacío, heridas dormidas.
Qué grito sofocado se escapa de mí, al saber que tu nombre aún vive en mí.

El eco de un adiós Stories to obsess over. Discover now