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La razón no escucha, el corazón ignora, dos fuerzas que chocan en mi alma rota.
El sentimiento latente se aferra a mi pecho, me ahoga, me quema, me deja deshecho.

Siento demasiado y a la vez tan poco, un abismo entre el deseo y el abandono.
No puedo callar la pena que habita en mí, ni domar el anhelo que arde sin fin.

Tu nombre es un eco que no se apaga, cada sílaba me rompe, me arrastra, me clava.
Intento huir, pero siempre regreso, prisionero de un amor que solo es mi tormento.

Me aferro a memorias que el tiempo destierra, pero aún sangran, aún duelen, aún queman.
Tu mirada, un puñal que me atraviesa, tus labios, un veneno que lentamente me envenena.

Te amo en el silencio, en la sombra escondida, te amo en cada lágrima que se desliza.
Pero amar así es un castigo eterno, un fuego que me consume, un abismo que no tiene suelo.

Y sin embargo, aquí sigo, aferrado al dolor, deseando un amor que nunca existió.
Pues aunque me desgarre, aunque me destruya, mi alma solo conoce una verdad absoluta:

Tú, siempre tú, aunque me mate amarte.

El eco de un adiós Stories to obsess over. Discover now