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Tus palabras son el viento que sacude mi vela, un susurro suave que al alma desvela.
Un vaivén constante de dulce y amargo, donde el corazón se ahoga y queda varado.

Tus cumplidos, son olas que rompen mi calma, se alzan furiosas y desgarran mi alma.
Promesas vacías como espuma en el mar, que se desvanecen al intentar tocar.

Tus ojos, son faroles de luz traicionera, me guían de noche a una ruta incierta.
Me matan, me hieren, me invitan a amar, y al alba se esconden, dejándome naufragar.

Esos brazos que ofrecen calor y abrigo, son un falso puerto y mi mayor castigo.
Un refugio que quema, que roba mi paz, un abrazo que hiere y no da más.

Dejé tu isla, mi cárcel dorada, con sueños de encontrar mi propia jornada.
Pero nuestras cadenas invisibles y voraces, me atan al eco de tus falsas promesas.

Promesas de amor, cenizas del ayer, que arrastran mi barca sin dejarla volver.
Elige, te ruego, qué estrella alcanzar, no puedes partir con dos a la mar.

Yo buscaré aguas donde pueda flotar, lejos de tus tormentas, donde pueda sanar.
Que el viento me lleve lejos de tu prisión, hacia un puerto seguro que abrace mi canción.

El eco de un adiós Stories to obsess over. Discover now