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Nos amamos como las brasas que saben que arderán hasta consumirse,
como dos trenes que se encuentran en la noche,
chocan y se funden,
pero jamás siguen el mismo camino.

Hay un amor tan grande en mis manos
que se escapa cada vez que te nombro,
un amor que duele como la sal en la herida,
porque sé que nunca serás mío.

Nos miramos como las mareas que suben y bajan,
con la certeza de que no pueden permanecer.
Nuestras almas se besan en un sueño roto,
y cuando despierto, solo hay eco.

El destino nos negó el derecho a ser uno,
y sin embargo, seguimos siendo dos lunas
girando alrededor de un mismo sol,
con un amor que muerde,
con un amor que sangra.

El eco de un adiós Stories to obsess over. Discover now