Amado mío. Ausencia que no se borra, fantasma que lame las orillas de mi tristeza. ¿Para qué sigues encadenado a mi cuerpo, si ya duermes en el regazo de otra?
Tu amor —si es que eso era— me pesa como costillas rotas, como gritos encerrados en una caja sin eco. Mis días son cavernas y los tuyos jardines, pero aún así vienes, con manos llenas de mentiras, y me dices “te amo” como si no supieras que cada sílaba me arranca otra parte.
Oh amor que ya no me nombra, ¿no te arde mentirme con esa voz? ¿No te desgasta mirarme y prometer con ojos de ceniza?
Yo solo quiero correr lejos del olor a ti, pero tu sombra se arrastra tras de mí como una plegaria maldita. Y yo la escucho. Y yo la creo.
Solo quiero ser tan libre como tú lo eres con ella, y sin embargo, sigo aquí, abierta como herida, esperando —con la locura de quien espera lo imposible— que me busques, que cumplas esa promesa tonta que sembraste en mi pecho antes de irte.
No te llamo ya “amado”, te nombro ruina, te nombro fiebre, te nombro el poema que nunca debí escribir. Y sin embargo, cada noche, te escribo.
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El eco de un adiós
Poetry"El eco de un adiós" es una obra literaria que sumerge al lector en un profundo viaje emocional a través de los escritos íntimos y sinceros. En este libro, se exploran los sentimientos experimentados después de una relación amorosa, emociones que s...
