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Tantos poemas,
tantas rimas y prosas,
tantos versos que terminan sangrando tu nombre.
Tantas personas que vienen y se van,
pero tú sigues,
incrustado como espina en mi memoria.

Tantos meses, tantos días,
tantos minutos gritándote en silencio,
y aún así no logro sacarte de mi cabeza.
Es un martirio que ni cien poemas logran calmar,
una pena que se duerme conmigo y despierta antes que yo.

La tinta ya no fluye,
se arrastra, se agota.
El arte que antes sanaba,
ahora solo repite tu ausencia.

Agonía constante,
donde el pecho se rompe en cada línea,
y las lágrimas ya no limpian: queman.

Dime…
¿qué más debo escribir para que te vayas?
¿En cuántos versos debo enterrarte
para dejar de buscarte entre sombras?
Porque sigo aquí,
atada a ti en cada palabra.
Y aunque me arranque el alma,
te sigo escribiendo.

El eco de un adiós Stories to obsess over. Discover now