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Sigo sin curarme de tu amor,
como herida infectada que ya nadie limpia,
como promesa escrita en carne viva.
Sigo sin curarme de tu olor,
aún se arrastra por las paredes de mi cuarto,
se esconde en mis sábanas, en el humo del cigarro
que fumo hasta arderme los labios, fingiendo que sos vos.

Sigo sin curarme de los días de ayer,
cuando el mundo era tu risa y yo me creía inmortal.
Ahora, cada segundo es un verdugo,
cada recuerdo es una bala sin salida.

Por más que pase el tiempo,
aún sigo en la espera de tu regreso,
como idiota que se sienta frente a una puerta
que ya no existe.
Como quien extiende las manos
al fuego que ya lo quemó.

Mi cuerpo aprendió a sobrevivir sin ti,
pero no a dejar de dolerte.
Tu nombre lo escupo entre pesadillas,
y mi alma... mi alma sangra cada vez que alguien pronuncia algo que rime con “vos”.

¿Cómo olvidar a quien fue hogar
cuando yo no tenía ni piel?
¿Cómo arrancarte sin desgarrarme?

Sigo sin curarme de ti,
y en este insomnio empapado de nicotina,
sos la voz que me araña por dentro,
el delirio que me saca del cuerpo
y me deja hecha trizas frente al espejo.

Y al final…
soy solo un cuerpo encorvado por tu ausencia,
una sombra que fuma tu recuerdo hasta que el pecho se me cierre,
esperando que el humo me abrace
como vos ya no lo vas a hacer.
Esperando que el cigarro me mate
antes de volver a pronunciar tu nombre.

El eco de un adiós Stories to obsess over. Discover now