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Como la tinta que se desangra en el papel,
como el café que arde en la garganta del insomnio,
como el tabaco que muere en labios que ya no besan,
así te llevo — en el rincón exacto donde duele respirar.

El cenicero guarda las cenizas de todo lo que no dijimos, y mi alma, mi alma es un verso mutilado,
que sangra en cada intento de olvidarte.
Ya no hay rima, ya no hay ritmo,
solo el espasmo brutal de tu ausencia.

Te pienso con rabia, con ternura enferma,
con la contradicción de quien ama lo que mata.
Tu nombre se disuelve entre mis dientes
como un rezo sucio, como un grito enterrado en el pecho.
No me quedan plegarias, solo este poema escrito con la sangre que no quisiste mirar.
Y aun así, como un animal herido, me arrastro por tu sombra,porque hay heridas, amor, que saben doler bonito.

Pero esta vez no es por ti,es por mí.
Por todo lo que perdí esperando.
Por las madrugadas que no volviste.
Por las palabras que me tragué para no asustarte.
Por la niña que fui antes de amarte.
Porque ahora sé que algunos fantasmas no se exorcizan, se aprenden a mirar de lejos, con los ojos llenos de lágrimas y el alma, llena de ceniza.

El eco de un adiós Stories to obsess over. Discover now