Capítulo 24

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Finalmente todo había terminado, o mejor dicho, al fin se había hecho justicia por mis padres y por la madre de Conan. Sentía un gran peso liberado de encima, sin embargo, aún sentía que faltaba algo para sentirme completa y satisfecha conmigo misma.

Minutos después, mientras los Dorados se encargaban de limpiar todo el desastre adentro y de contener a la gente de afuera que se acumuló en cuestión de minutos y comenzó a querer abalanzarse al interior del Centro exigiendo respuestas, me encontraba sentada en una de las macetas del sendero de árboles rosas y azules, observando todo el alboroto que se había armado a tan solo unos metros de mi.

Bob y Marc me habían ido a conseguir agua y comida en uno de los puestos del mercado, el cual se encontraba más cerca de lo que pensé. Me encontraba jugando con mis manos, pensativa pero sin pensar algo en específico, cuando divisé de reojo que alguien se había sentado a mi lado. Me giré lentamente y esbocé una gran sonrisa cuando vi a Conan; se veía bastante bien a cómo había imaginado. Su sonrisa me llenaba de vida y energía.

—¿En qué nos quedamos antes cuando recién llegué al Centro? —me preguntó una vez tenía su brazo alrededor de mí, acariciándome con su mano la espalda. Coloqué mis brazos alrededor de su cuello y lo abracé con mucha fuerza, con temor a que se fuera de nuevo.

—¿Por qué te fuiste? —me arme de valor para preguntar, aún abrazándolo para evitar que distinguiera mi rostro agüitado.

—No me fui, no pude... Sabía que no podía irme estando consciente de que estaría dejándote atrás —me rodeo con su otro brazo con fuerza, y me sentí segura, como nunca jamás me había sentido—. Lo lamento.

—Te necesite el poco tiempo que te fuiste... Brian me fue infiel con mi mejor amiga, y no me importa Brian, pero me dolió mucho el hecho de que Jesse fuera capaz de traicionarme así...

—Tranquila —sentí que me plantó un beso en la cabeza y no pude por más que sonreír a pesar de que estaba sollozando; me despegué un poco del abrazo para poder verlo al rostro y lo admiré como jamás había admirado a alguien—, por lo menos ya sabes la cara verdadera de ellos, no vivirás más engaños.

—Aún falta mucho por vivir... ¿Qué hacemos ahora?

—Por primera vez no tengo idea de qué hacer. Podemos retomar el beso que te plante cuando llegue...

Reí nerviosa y me lancé velozmente a plantarle un beso de piquito en los labios, aunque me avergoncé porque sentí que me puse roja de inmediato cuando me dedicó una mirada deslumbrante, no coqueta, sino de cariño. Creo que estaba enamorada de Conan, y creo que él también de mi.

—Nunca creí en que existiera una chica perfecta como lo eres tú, Sarah, o mejor dicho, jamás pensé que llegaría a encontrarla.

Me acomodé un mechón de cabello que se interpuso en el medio de mi rostro y me acerqué lentamente a Conan con una sonrisita, así como él a mi, pegándonos cada vez más y más, preparándonos para darnos otro beso, pero de repente, sentí la presencia de alguien al lado de nosotros y me separé de golpe, volteándome hacia el entrometido al igual que Conan.

—Perdón por interrumpirlos —Bob se disculpó, encogiéndose de hombros y juntando las manos con emoción, cargando con tres bebidas rojas—, pero necesitaba ver esto de cerca.

—¡Vete, Bob! —exclamé fulminándolo con la mirada; había olvidado lo imprudente que podía llegar a ser.

—No me hables así, te trajimos comida... bueno, Marc aún sigue esperando a que la sopa de pollo esté lista, hay mucha fila. Sigan con lo suyo, ignórenme.

Me reí negando con la cabeza y me separé de Conan, lo cual se lo tomó con la misma gracia, sorprendentemente. Se levantó de mi lado, al igual que yo, y por unos instantes observamos que el escándalo del Centro aumentaba conforme pasaba el tiempo.

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