Capítulo 4

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El planeta G-03 era terrible, no había vida silvestre, solo tierra, polvo, arena y tormentas de la misma. Se me dificultaba respirar.

Los Dorados habían estacionado las dos naves detrás de una colina gris. Norson, el líder del Escuadrón A, aclaraba ciertas instrucciones sobre qué hacer mostrando un holograma de la ubicación de Conan, quien estaba a unos pocos kilómetros de donde nos encontrábamos.
El Escuadrón B fue a revisar el área mientras el resto repasaba el plan de acción, preparando sus armas.

—Recuerden —dijo Norson seriamente, cargando una pistola—, el plan es salvar a Brian Blanc sin importar qué, por lo que si deben dispararle a Conan no lo duden.

—¿Matarán a Conan? —pregunté con el estómago revuelto.

—Solo si él nos obliga.

Después de unos minutos que se sintieron como una eternidad, llegó al Escuadrón B a informar que no muy lejos de donde estábamos se encontraba estacionada la nave que había robado Conan y detrás de ella estaba una clase de depósito, sin ventanas y con una puerta de metal que necesitaba un código para abrirse.

Me parecía algo extraña la facilidad con la que encontraron a Conan, y creo que todos concordaban con mi pensamiento; al parecer Conan quería ser encontrado.

—Avancemos —anunció Norson y después se dirigió hacia el líder del Escuadrón B—, ustedes vayan detrás de nosotros y rodeen el edifico. Solo intervengan cuando sea necesario.

—Sarah, tú me acompañarás —me dijo Millen intentando esbozar una sonrisa amable, sujetándome por el hombro cuando todos comenzamos a avanzar.

Me vi obligada a cubrirme el rostro y a entrecerrar los ojos debitado a toda la arena que se mezclaba con la brisa y nos impedía avanzar con facilidad; parecía como si una tormenta estuviera a punto de comenzar. Se me complicaba un poco andar entre toda la arena y tierra, e incluso aunque me descubriera los ojos era imposible ver, pues el ambiente oscuro y cálido junto con la ventisca de arena impedían poder tener una vista clara de nuestros alrededores.

Estaba comenzando a sentirme arrepentida de haber venido, pero todo para asegurarme que Brian estuviera a salvo.

Pasado un pequeño momento pude divisar difícilmente la bodega que había informado el Escuadrón B junto con una nave cubierta de polvo. El lugar parecía abandonado y eso lo hacía ver un poco siniestro.

Norson le hizo señas a algunos de sus compañeros que no entendí hasta que observé como dos Dorados fortachones y calvos se colocaban frente a la puerta con un ariete entre los ellos, el cual desprendía una energía dorada y brillante dando a entender que era una herramienta poderosa.

Los dos Dorados juntaron fuerza y golpearon la puerta con intención de derribarla. Después de tres fuertes golpes la puerta se abrió, chocando con la pared de al lado produciendo un fuerte estrépito acompañado de un horrible rechinado. Dentro estaba todo oscuro a excepción de una vela que estaba sobre una mesa en el centro de la habitación. Observé que dentro de la bodega solo había una sola habitación en forma de cubo; era muy pequeña.

Norson y tres Dorados más se adentraron a la oscura habitación, pero antes de que pudieran dar un paso más, una luz se encendió y Conan fue visible al lado del interruptor de luz. Todos apuntaron sus armas hacia él, excepto Millen a mi lado. Conan levantó las manos esbozando una sonrisa burlesca y me dio asco, ¿cómo alguien puede ser tan desgraciado para secuestrar a su propio hermano y burlarse cuando puede estar a punto de morir?

—Recuerden que si me matan —dijo aún con las manos arriba—, nunca podrán saber dónde está su preciado Brian.

—Sabemos que los dos están aquí —espetó un Dorado acercándose cautelosamente a Conan.

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