Recuerden que no es obligación leer los extras.
Azul
Sam
Pensar en mi madre y concebirla como alguien que ha dejado de existir es una paradoja que aún no consigo aceptar. No es su ausencia física lo que me resulta extraña, sino la idea de que una mente tan prodigiosa como la suya haya cesado de pensar. Me resulta imposible imaginarla en un limbo. La visualizo en un valle sereno, rodeada de las generaciones Mitchels que la precedieron.
Mi madre no era una mujer común. ¿Por qué habría de quedar confinada a un espacio inerte o indeterminado?
No ha muerto. Esa es la verdad que me repito cada día. Ha sido obligada a emprender un viaje inesperado. No me han alejado de ella, porque en algún momento regresaré a su lado.
Apoyo la mejilla en la mano que masajea mi hombro. Reconocería los dedos de la tía Clarissa en cualquier lugar: delgados, suaves, cargados de la calidez que tanto caracterizaba a mamá.
El azul profundo del estudio envuelve la habitación en una calma solemne. Los diplomas del MIT en la pared acompañan los galardones de la NASA y las fotografías de control de misión.
—¿Has hablado con Rick? —La hermana de mi madre se sienta a mi lado.
—Hace dos horas, ya fue dado de alta y reposa en casa.
—¿El soldado que te asignaron tiene que estar dentro de la casa?
—Si te incomoda, puedes decirle que se retire en el momento que desees.
No es mi intención incomodarlas; ya han hecho bastante al aceptar mi visita. Perdieron a mi madre, y estas semanas ya han sido lo suficientemente amargas.
—¿Sabes algo de esto? —Despliega un periódico en la mesa.
Emma está en la primera plana de un prestigioso diario deportivo. Sostiene un trofeo en alto. «La reina del hielo suma un nuevo galardón a su lista». Me siento una idiota cada vez que recuerdo las veces que sentí lástima por ella. Ese trofeo, seguro, es otra compra de la mafia que la tiene como una mascota para sus medios. Veintiún años y no deja de ser la niñita estúpida que nunca mide las consecuencias de sus actos. Por su terquedad, mamá se salió de las casillas y papá tuvo que dispararle.
—Esa mentira no durará —digo—. No ganó nada de manera honesta.
—No ha pasado por su mente preocuparse por nosotras, ¿verdad? Supongo que ese microcerebro suyo no le da para considerar algo tan elemental.
—Ya la conoces.
—No entiendo cómo hemos terminado ligadas a esos asnos. —Se masajea las sienes, frustrada—. A tus hermanas se les olvidó la historia de su madre, la mía, la de todas. Ninguna de nosotras jamás precisó la mano de un hombre para alcanzar lo que necesitábamos. Espero que en los planes de Rachel esté matar a Christopher Morgan y al marido de Emma. Es la única manera de compensar todo lo que ha pasado. Ninguno de esos dos merece un lugar en este planeta y mucho menos al lado de una Mitchels.
No les respondo porque tiene razón. Generaciones de Mitchels construyeron nuestro legado enfrentando los mismos prejuicios: una belleza que nos precedía como una sombra, que hacía que nos subestimaran antes de abrir la boca. Cada una de nosotras tuvo que demostrar dos veces su valía, convertir dudas en triunfos. No nos forjamos en salones de belleza, sino en bibliotecas y salas de juntas, donde nuestras mentes eran nuestra única carta de presentación.
Y ahora, todo lo construido con sacrificio, se desmorona porque están ligadas a asesinos machistas y narcisistas. Los Morgan y los Romanov son criminales que no deberían estar ni a una milla de nosotras.

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DESEO, (BORRADOR)
RomanceHubo Lascivia, hubo Lujuria y ahora todo se define en medio de un ardiente deseo. El mundo está en llamas y Rachel James camina de la mano del que se alzó como ganador, pero el campo de batalla clama revancha, sangre y pelea en una guerra de todos...