𝟮𝟰

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Pasaban de las cinco, el cielo cada vez se obscurecía más y el pelinegro no llegaba. Yuji comenzaba a desesperarse, claro que sabía que llegaría, claro que sabía.

Pasó el tiempo y daban las seis treinta y Megumi no llegaba, Yuji quería llamarlo, pero no quería molestarlo; algo irónico ya que eran novios. Decidió después de diez minutos llamarlo.

Sonó un poco y contestó. —¿Hola?—

—Hola Megumi— dijo en voz baja, casi sin ser escuchado por el otro.

—¿Qué pasa, por qué me llamas?— el rostro de Yuji se tornó en un fuerte rojo carmesí debido a la vergüenza que le daba ser interrogado así, aunque claro que iba ser cuestionado el porque lo llamaba.

—Recuerdas— dijo balbuceando, era demasiada su vergüenza —Que dijimos que nos íbamos a ver a las cuatro en el parque— al otro lado de la línea Megumi se maldecía una y otra vez, no quería ir con Yuji, no quería verlo, no quería estar con él, pero aún así ahí estaba yendo en taxi con un ramo de flores rosas como el lindo cabello rosa de su novio.

—Lo siento, se me hizo tarde, pero ya voy para allá, lo siento— no se le hizo tarde, sólo no quería ir, pero no quería hacerlo sentir mal dejándolo plantado.

—Está bien, aquí te espero— dijo desanimado; lo cual el pelinegro no notó y colgó.

Megumi no quería salir de su casa, no quería ver a Yuji, no quería hablar con él, no quería nada con él, pero sabia que Yuji era alguien tan bueno como para hacerle daño, Yuji era tan bueno que no merecía a alguien tan incapaz como Megumi.

El peor error de Yuji fue haberse enamorado de Megumi.

A los diez minutos de espera, llegó Fushiguro.
—Hola— dijo bajando del taxi y sacando de atrás el ramo de flores junto a un pequeño oso de peluche.
—Lo siento por haber llegado tan tarde, de verdad—

Yuji ignoró que casi estaba al borde de una crisis por entrar en desesperación y prefirió correr hacía su amado para abrazarlo y darle un beso en la mejilla al pelinegro. Viendo así, como éste quería alejarse.

Yuji lo dejó pasar.

—No te preocupes— dijo dándole una sonrisa, aún sin dejar de pensar en lo que acababa de pasar, ¿Por qué su novio se quería quitar cuando sólo le estaba dando un beso? ¿No lo amaba? ¿Le incomodaba esas muestras de afecto? —¿Nos vamos?— preguntó, tratando de quitarle peso a lo recién ocurrido.

Megumi asintió con la cabeza y suavemente tomó la fina y suave mano de Yuji, para así ambos irse a la parada de autobús que iba hacia la playa. El cielo estaba oscuro, con un poco de naranja coloreando su horizonte.

La luna se veía grande y brillante junto con el sol, el cielo era naranja y negro, y lo adornaban cientos de pequeñas y débiles estrellas. Se veía tan hermoso y perfecto como Megumi ante los ojos de Yuji.

Era tan hermoso como Yuji veía a Megumi, creía que era lo más etéreo que podría llegar a tener en su vida, cada palabra que salía de aquellos labios rosas lo enloquecían, cada vez que lo tomaba de la mano moría de amor y ni hablar de las veces que se besaban en la obscuridad de los parques y debajo de lámparas, sentía como su corazón quería salir de su pecho y correr, su temperatura aumentaba junto a sus nervios, los besos de Megumi eran lo más romántico que alguna vez podría experimentar. Megumi era perfecto para Yuji y para Megumi, Yuji sólo era Yuji.

—Hace frío, ¿No crees?— añadió Yuji, tratando de iniciar una conversación pese a que Megumi todo el viaje iba viendo a la ventana sin dedicarle una simple mirada.

—Un poco, ¿Quieres mi suéter?— y no esperó a que contestara y se quitó su suéter olvidando lo masacrado que tenía su brazo.

—Me queda justo, gracias— terminó de decir abruptamente cuando pudo ver las cicatrices que tenía en su muñeca, se quedó congelado, jamás había visto algo así, creía que lo único autodestructivo que tenía Megumi era fumar y tener una mala relación con la comida, pero estaba muy equivocado.

—No es nada— dijo notando lo que acababa de pasar. —No preguntes, no tiene importancia—

—¿No?— preguntó. —Megumi, tienes cicatrices y parece que cortes recientes en tu muñeca— remarcó lo obvio.

—¿Y?— le daba igual si veía el resto de su brazo y en algún punto sus piernas, le daba igual si sabía o no que se autolesionaba cada que quería morir, le daba igual absolutamente todo.

—¿Cómo que Y?, Megumi déjame ver— y sin oponer fuerza, el mencionado cedió su brazo para que viera con sus propios ojos aquel pelirosa lo horrible que tenía su brazo, su piel, su cuerpo. Era atroz como alguien podría hacerse eso, Itadori no lo concebía.

Yuji subió la manga, con cuidado como si estuviese tocando la más antigua pieza de porcelana. Cada pequeña subida de manga, era una puñalada al delicado corazón de Yuji, ver como a quien amas con toda tu alma, se hace tal daño, era algo indescriptible.

Una, dos, tres, siete, diez, treinta y tantas cicatrices que perdió la cuenta. Algunas nuevas, otras viejas y otras tan antiguas que apenas se veían. Cortes rectos, cortes más profundos y cicatrices teñidas de colores morados y rosas, cicatrices cortadas como si estuviese dibujando en su fina piel, cicatrices y cortes por todo el largo y ancho de su delgado brazo que con tan solo un toque parecía que podía romperse.

—¿Por qué?— preguntó mientras limpiaba unas pequeñas lágrimas que salían de su rostro.
—¿Por qué hay tantas Megumi?— cuestionó con un débil hilo de voz.

Megumi no entendía porque se ponía de ese modo Yuji, el daño y las cicatrices eran de él, quien lloraba y se hacía daño era él, no Yuji.

Yuji no entendía porque Megumi actuaba tan indiferente respecto a esto, no media las dimensiones de lo que estaba pasando. No entendía que era tan doloroso saber que a quien amas, atenta contra su vida, que se hace daño, ¿Que pasaba por la mente de Fushiguro cads que tomaba la navaja y cortaba sobre su piel? ¿Su padre lo sabia? ¿Alguien hacia algo al respecto? Todas las respuestas a sus miles de preguntas eran negativas.

—¿Por qué no?— bromeó y sólo hizo que Yuji rompiera en un llanto silencioso, pero lo bastante para causar ruido dentro de Megumi.
—No llores— pidió totalmente desesperado al ver el llanto de su novio, ¿Si no lo quisiera no se hubiera preocupado, verdad?

—Pero Megumi, te haces daño— claro que lo hacía y aunque llorara sangre no dejaría de hacerlo porque era su forma de regularse, de llorar por otra cosa que no sean sus míseros pensamientos.

—Exacto, me hago daño a mi, no a ti Yuji, no llores por favor— tal vez no lo amaba o tal vez sí, pero algo que no soportaba era que llorara, esa linda carita teñida de rosa por todos lados, lágrimas cristalinas deslizándose por su piel de porcelana, era lo más hermoso y desgarrador que podían ver los lapislázuli ojos de Megumi.
—No llores corazón, no es algo importante, de verdad es algo que no importa—

—Megumi algún día podrías cortarte una vena, ¿No lo entiendes?— si, claro que lo entendía; no era idiota, pero al final eso era lo que quería. Cortarse una vena sin darse cuenta y solo quedar tirado en el suelo de su baño pensando lo miserable que fue su vida, le daba igual morir o no. —¿Qué hago si mueres Megumi? Te amo demasiado, no soportaría vivir sin ti— aún no llevaban ni el año de relación y parecía que dependía completamente de él.
—No lo hagas más Megumi, si te sientes mal puedes llamarme y salgo de mi casa para venir contigo, no te guardes tu dolor para ti, si te tragas todo lo que sientes, al final de ahogaras Megumi—

Megumi era un mar de emociones, tan peligrosos como sus corrientes mismas, no sabía nadar, pero ya estaba en el fondo así que nada importaba, no importaba cuanta ayuda pidiera, en el fondo del mar nadie podía escucharlo.

—No es tan fácil Yuji— finalizó antes de bajar del camión, pues habían llegado a la obscura y silenciosa playa.

𝗴𝗹𝗶𝗺𝗽𝘀𝗲 𝗼𝗳 𝘂𝘀.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora