𝟮𝟲

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-El cielo es hermoso desde aquí, ¿No lo crees?-

-Se refleja en tus lindos ojos- y el pelinegro por primera vez se sonrojo, un bonito rubor apareció en sus mejillas. -Megumi-

-¿Si?- contestó con la cabeza baja, le daba vergüenza que lo viera así.

-Eres lo más bonito que he visto-

Y en un abrir y cerrar de ojos, ambos chicos estaban besándose en ese antiguo mirador.
Sus labios moviéndose en movimientos delicados y llenos de lujuria, sus lenguas jugando como si de olas se tratase, sus manos recorriendo el cuerpo del otro y pequeños jadeos saliendo de ambos.

Las manos de Megumi puestas alrededor del cuello de Yuji y las manos de éste rodeando la delgada cintura del pelinegro. Megumi tocando el cabello en la parte posterior de la cabeza de Yuji, jalándolo más hacia él, quería sentirlo, quería sentirse deseado.

Ambos chicos besándose, pasando sus delicadas manos por el cuerpo del otro, el cuerpo celestial de Megumi y la suave y ardiente piel de Yuji, Megumi metiendo traviesamente sus frías manos dentro de la ropa de Yuji, sintiendo su delgado cuerpo; mientras que éste quedaba paralizado, pero siguiendo el beso, era la primera vez que alguien lo tocaba, era la primera vez que se sentía amado por él.

-¿Puedo?- irónicamente preguntó entre jadeos, pues ya tenía sus dedos puestos en los pezones del pelirosa.

-Si- y siguieron besándose, Megumi explorando el cuerpo de Yuji, y Yuji acariciando el cabello suave y obscuro de Megumi.

Las olas se escuchaban romper debajo del mirador, música se escuchaba a lo lejos, la luz de la luna iluminaba ambos rostros pero ninguno de los dos se podían ver, los jadeos por el intenso beso eran de esperarse, la temperatura entre ambos subió como la espuma, y pronto los labios brillante y dañados por una que otra mordida del pelinegro estaban puestos en su cuello, dando besos y uno que otro tirón con mordidas; dejaría marcas.

-No- se negó y lo quitó -Mi papá lo puede ver Yuji- si su padre viera esas marcas rojas que posteriormente se tornarían moradas, sin duda alguna estaría muerto.

-Lo siento- dijo totalmente apenado.

Nunca se habían besado de esa forma, siempre eran besos tímidos y a veces uno que otro metía su lengua en la cavidad bucal del otro, pero de eso no pasaba. Nunca habían tocado sus cuerpos, nunca se habían sentido tan vivos, nunca se habían sentido tan amados con un sólo beso, que más allá de la lujuria, era el deseo que sentían el uno por el otro.

Era magia en su total esplendor, hasta que una linterna los iluminó a ambos.

-¿Qué hacen ahí?- se escuchó a un hombre, el cual ambos intuyeron que era un guardia de seguridad. -Acérquense-

-¿Qué hacemos Megumi?- estaba muerto del miedo, pensaba lo peor; como que ese hombre los enviaría a la cárcel por besarse en un lugar público siendo ambos hombres.

-Corre y no pares- indicó entre risas, le encantaba la adrenalina y esto era justo lo que necesitaba para sentirse vivo.

Megumi lo tomó de la mano, lo miró y le dio un beso en aquellos labios pomposos y llenos de marcas de dientes. Caminaron hasta llegar a la entrada del mirador donde los estaba esperando ese hombre.

-Los dos son hombres- dijo lo obvio. -Y, ¿Se estaban besando siendo los dos hombres?- Megumi solo agachó la cabeza y era raro, porque Yuji no sabía que a Megumi le daba vergüenza que supieran que tenia novio y no novia.

-Si- afirmó Yuji para después tomar aun más fuerte la delicada mano de Megumi y echarse a correr.

Corrieron y corrieron por toda la arena, sintiendo como ésta entraba en sus calzados, sintiendo el frio aire pegar contra sus hermosos rostros; eran ellos sintiéndose más vivo que las ganas que tenían de morir, Megumi sintiendo la vida y Yuji sintiéndose vivo.

-¿Ya?- preguntó Yuji tratando de recuperar el aliento entre jadeos. -Creo que ya no nos sigue- corrieron cerca de cinco minutos lo mas rápido que sus piernas pudieron dar, estaban en el otro lado de la playa, apoyados en el malecón de ese bello lugar. -Megumi- y éste volteó, como siempre viéndose tan hermoso, pero tan muerto por dentro. Dañando sin saber a quien daría la vida por él.

-¿Si?- preguntó con un suave tono de voz, el cual siempre conseguía relajar al pelirosa.

-¿Me amas?- Megumi, acostumbrado a esa pregunta de siempre, sólo afirmó con la cabeza en un suave movimiento.

-¿Por qué?- Yuji sentía que Megumi no lo amaba, o por lo menos en la forma amorosa que él deseaba sentir, no lo amaba como Yuji deseaba ser amado, como él creía que era amado; quizá y ni siquiera lo amaba, quizá.

-¿Porqué qué?- ladeó la cabeza, intentado saber a que se refería aquella alma indeseada que tenía frente a él.

-Si, ¿Por qué me amas?- estaba desesperado por saber que amaba de él el pelinegro que tenía frente a sus ojos, quería saber si Megumi lo amaba y si seguir amándolo valdría la pena o no.

-Porque- se quedó callado después de alargar las letras. No tenía ni puta idea de porqué lo amaba. ¿Lo amaba porque él lo amaba a él? ¿Amaba la forma en la que lo hacía sentir amado? ¿Qué carajos amaba de Yuji? ¿Su infantil y madura forma de ser? ¿Por su amabilidad? ¿Su mirada que lo hacía sentir amado? ¿Por aquel inusual y único brillo que tenia en sus ojos brillosos como un par de canicas? Ó quizá lo amaba por todo lo que era que sólo no sabía que mencionar.
-Te amo por todo lo que eres, te amo por como eres, por como te ves, amo cada cosa de ti porque eres tú-

Megumi era tan difícil de entender, que ni él podía entenderse; es como si todo el tiempo estuviera disociando que no podía detenerse a pensar como y porqué era así. No era mala persona, no era mal novio, sólo fallaba en el intento. Amaba a Yuji, pero no lo suficiente y mucho menos en la forma en la que el pelirosa quería ser amado, el amor no le alcanzaba a Megumi para hacer sentir amado a Yuji.

Después de escuchar a su novio no tan novio, sólo se limitó a agachar la cabeza y caminar tomado de la mano por aquel lindo muelle. Megumi notó como su ánimo cambió totalmente, no quería hacerlo sentir mal, por más que se pensara que él era insensible o egoísta; era todo lo contrario a ello. No le gustaría hace sentir mal a la única persona que es capaz de amarlo por el desastre que es.

Una vez ambos estaban en sus casas después de una cruda y fría despedida, Megumi hizo lo que mejor sabe hacer; pensar.
Pensar en lo mal que hace sentir a quien lo ama a pesar del desastre que es, a pesar de lo enredada que es su mente.

No quiero que se sienta así, pero no sé como hacerlo sentir de otra forma, no quiero hacerlo sentir no amado, pero no me amo ni a mi, ¿cómo puedo amarlo entonces?
Soy tan mala persona, soy tan horrible por hacerlo sentir así cuando él lo único que ha hecho por mi es amarme sin juzgarme, en ningún momento me ha hecho sentir mal y yo en cambio hasta lo he hecho llorar. Que horrible persona soy, no quiero tratarlo así, no merece esto, no me merece, no merece nada de lo malo que sólo se darle, no puedo más.

Y en su momento habitual de crisis en donde lo único que quería hacer era morir, fue al baño a media noche; tratando de no hacer ruido para que su padre no se despierte. Se sentó en el helado suelo de su frío baño, se levantó su manga viendo todas las cicatrices blancas, café, moradas y rosas que tenía; colores que revelaban que tan profundas habían sido. Eran sus tatuajes de vida. Y sin mas, comenzó a pasar la nueva y afilada navaja que tenía entre sus finos y huesudos dedos. Un corte, dos cortes, otro corte más profundo que los dos primeros, un corte y otro corte sobre el mismo para aumentar la profundidad y con suerte cortar una vena. Por primera vez no se lesionaba pensando en lo miserable que era, sino en lo miserable que hacía sentir a alguien más.

En total; después de veinte minutos llevaba poco más de treinta cortes, en su brazo y sus piernas, pequeños jadeos y chillidos salían de sus labios debido al dolor que sentía, las lágrimas no le dejaban ver que tan profundos eran sus cortes así que solo cortaba más y más, lloraba más y más hasta que la puerta se abrió.

𝗴𝗹𝗶𝗺𝗽𝘀𝗲 𝗼𝗳 𝘂𝘀.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora