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0.18 A caotic Christmas


📍Bristol, Inglaterra

🗓️ 23 de diciembre


La noche envolvía el aeropuerto de Bristol en oscuridad, interrumpido solo por el parpadeo de las luces en la pista. El vuelo de mi madre, retrasado varias horas, finalmente estaba a punto de aterrizar. Lando estaba sentado a unos metros de mí, su gorra echada hacia abajo, cubriendo parcialmente su rostro mientras se inclinaba hacia atrás con una aparente tranquilidad que sabía que no era real.

Yo, en cambio, caminaba de un lado a otro frente a las puertas de llegada, incapaz de detener el tamborileo ansioso de mis dedos contra la correa de mi bolso. Mi mirada no se apartaba de las puertas de cristal, esperando el momento en que apareciera la silueta que llevaba tres años sin ver.

Cuando la ola de pasajeros comenzó a salir, contuve la respiración. Rostros desconocidos pasaban frente a mí, conversaciones en diferentes idiomas flotaban en el aire, pero mis ojos solo buscaban a una persona.

Y entonces la vi.

Mi madre caminaba con pasos firmes, arrastrando una maleta detrás de ella. Su cabello negro caía con naturalidad sobre sus hombros, y aunque los años habían dejado huellas sutiles en su rostro, sus ojos azules seguían siendo igual de intensos, ella seguía siendo la misma.

Por un instante, dudé. Me di cuenta de lo mucho que había cambiado desde la última vez que la vi.

—¿Qué esperas? —la voz de Lando me sacó de mis pensamientos. Había dejado su asiento y ahora estaba a mi lado, con una mano sobre mi hombro.

Asentí lentamente y di un paso adelante, aunque sentía que mis piernas temblaban.

Cuando nuestros ojos se encontraron, vi cómo los labios de mi madre se curvaron en una ligera sonrisa, pero sus ojos... sus ojos no reflejaban la misma alegría. Había algo en ellos, una mezcla de alivio y preocupación que me recordó por qué estaba tan nerviosa.

—Mamá... —mi voz apenas salió, pero ella la escuchó.

—Clarie... —su voz era suave, pero cargada de emociones contenidas.

Caminé hacia ella, y cuando estuve lo suficientemente cerca, me envolvió en un abrazo que, aunque cálido, se sintió diferente. No era el abrazo reconfortante que recordaba de niña.

—Estás más delgada... —murmuró, separándose ligeramente para mirarme.

—No es cierto —sonreí, llevando su mano a mi vientre—. He estado... ocupada.

Su mirada descendió y, por un segundo, pude ver el conflicto pasar por su rostro.

—Sí, lo veo —dijo, su tono neutral, aunque sus dedos apenas rozaron mi vientre antes de apartarse.

RUNNING      [Lando Norris]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora