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0.24 Decisiones

📍 Monte Carlo, Mónaco.

🗓️ 2 de abril

El silencio entre nosotros era espeso. No había nada más que decir. Al menos no ahora. Ella desvió la mirada primero, como solía hacerlo cuando sabía que decir más iba a romperla. Y yo... yo no podía verla romperse otra vez.
Así que asentí. Giré la manija. Salí primero.

Y ahí estaban.

Cámaras.
Flashes.
Micrófonos alzados como cuchillos listos para cortar carne.

—¡¿Lando es ese su tu hijo?!
—¿Por qué Alora se fue a París?
—¿Qué opina tu novia de todo esto?

No supe en qué momento alguien nos había visto entrar juntos a esa sala, pero bastaron minutos para que todo explotara. Alora detrás de mí estaba en shock, cubría su panza con un brazo como si eso protegiera del daño que estaba sintiendo. Pasé una mano por su espalda y la guie hasta mi carro. Subimos rápidamente mientras el mundo a tras de nosotros explotaba.

Conduce lo más rápido que pude. De regreso al principado.

El carro se lleno de un silencio incomodos, los que nunca tuvimos durante nuestra relación. De vez en cuando miraba sobre mi hombro para encontrármela mirándola por la ventana. Una última vez intente voltear a verla, solo para encontrarla ya mirando. Sonreí tímido, antes de girar hacía el estacionamiento del edificio.

Entonces sonó mi teléfono.
Era Magui.
Y yo supe, sin abrir el mensaje, que ella ya no estaba esperándome en casa.

Alora también noto como mi celular se iluminaba por la notificación, y la sonrisa que se había empezado a formar en sus labios se esfumo. Regreso su mirada a la ventana y se comenzó a rascar el cuello, un gesto que hacia cada vez que estaba nerviosa.

Conteste el celular. Mientras Alora se bajaba del carro.

—Magui... —dije apenas contesté, pero la línea ya estaba ardiendo.

—¿Sabes qué es lo peor de todo esto? —su voz no temblaba, era dura, como si la hubiera practicado frente al espejo—. Que pensé que podrías ser honesto conmigo. Que cuando dijiste que ella estaba en el pasado, lo decías en serio.

—Magui, no fue lo que parece. Solo...

—¿Solo qué, Lando? ¿Solo la escondiste en una sala del Monte Carlo Masters para que nadie la viera contigo? ¿Solo saliste con ella tomados de la mano como si nada? ¿Solo la metiste a tu auto mientras los medios decían que ese bebé es tuyo? Sabes sabía de su existencia, siempre lo hice. Así como supe del embarazo, pero cuando ella te dejo creí que habías entendido que ese bebé no era tuyo y que estabas listo para iniciar una nueva relación. Me equivoque y mucho.

Cerré los ojos. Me dolía el pecho.
Alora no estaba ya junto al auto. Alcancé a ver cómo cruzaba el lobby del edificio con pasos rápidos.

—Magui, no quiero hacerte daño. Te lo juro. Pero...

RUNNING      [Lando Norris]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora