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"La vida esta llena de giros inesperados, tu fuiste él mio"
¿Quien diría que una noche puede cambiar dos vidas?
Donde la vida de Alora de un giro inesperado, llevandola a un mundo nuevo.
Donde Land...
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0.23
📍 Paris, Francia Monte-Carlo, Mónaco
🗓️ 1 de abril
Han pasado tres meses. Mi vida ha pasado de la mayor tristeza a una indiferencia constante. Aquellos que dicen que el tiempo lo sana todo, mienten. El tiempo no hace nada, no te ayuda a perdonar, sanar mucho menos olvidar, solo es una pistola a la cabeza obligándote a continuar.
Paris. La ciudad del amor. Aunque cuando estas sola, se convierte en la ciudad de la soledad. Cada esquina te recuerda tu constante frivolidad. Paris es todo lo que siempre he soñado, y más. Pero ahora solo es recuerdo el constante vacío, de lo que no tengo, de quien me falta.
Los primeros días sin ella fueron los peores de mi vida. Me despertaba y lo primero que hacía era extender la mano, buscando su calor, su piel, cualquier rastro de su ella. Pero siempre encontraba el vacío. Al principio me engañaba, me decía que solo necesitaba tiempo, que eventualmente me llamaría, que tal vez necesitaba unos días para aclarar su mente y volvería a casa, a nuestra casa. Pero los días pasaron. Luego las semanas. Luego los meses.
Al final, el frío se convirtió en rutina.
Me despierto cada mañana en un departamento que me costó conseguir, camino por calles llenas de historias, menos la mía, me detengo en cafeterías con croissants perfectos y café que huele a hogar, pero no lo es. Mi trabajo es estable, tengo una rutina organizada, finalmente tengo en la palma de mi mano todo lo que siempre soñé. Y, aun así, me siento sola.
No porque no tenga a nadie alrededor. Sino porque la única persona que quiero aquí no está.
Regresar al trabajo fue la única manera de no volverme loco. Hundirme en papeles, reuniones, proyectos que no me importaban tanto como antes. Mis amigos intentaron sacarme, convencerme de que saliera con alguien más, pero ¿cómo se supone que haga eso cuando todo en mí sigue atado a ella?
Intenté no pensarlo. Me convencí de que esto era lo mejor para ambos. Lando y yo siempre fuimos una tormenta, un incendio que consumía demasiado rápido, demasiado fuerte. Necesitaba espacio para encontrarme a mí misma, para ser algo más que una mujer enamorada de un hombre que me hacía sentir todo a la vez. Pero ¿qué pasa cuando el espacio que buscaste solo te hace darte cuenta de lo mucho que lo necesitas?
Cada rincón de la casa es de ella, me recuerda a ella. Sus libros en la estantería, su olor en las sábanas que no me atreví a cambiar, la taza que siempre usaba en las mañanas, cuando rogaba por café. Y, más que eso, su ausencia pesa más que su presencia alguna vez lo hizo.
Pero el mundo no se detiene solo porque tú te sientes roto.
Me obligué a levantarme, a respirar, a existir sin ella. Poco a poco, volví a reír en las reuniones, a responder los mensajes de mis amigos sin sentir que fingía cada palabra. Podía pasar días enteros sin llamarla en mi cabeza. Hasta que algo, cualquier cosa, me la traía de vuelta: una canción en la radio, una pareja tomándose de la mano en la calle, un perfume parecido al suyo. Y en esos momentos, el dolor volvía como una ola violenta, recordándome que, sin importar cuánto intente avanzar, sigo jodidamente enamorado de ella.