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0.26 Urgencias

📍 Monte-Carlo, Mónaco

🗓️ tres semanas después.


Habían pasado casi tres semanas desde aquella tarde en Monte Carlo. Tres semanas desde que Alora volvió a entrar —y quedarse. Desde que ambos decidieron darse otra oportunidad. Elegirse.

Alora había sido reubicada a una oficina a tan solo treinta minutos de su nuevo hogar: el departamento de Lando en Mónaco. Al cual, claro volvería seis meses después de tener a su bebé. Ya pronto estaría llegando a su octavo mes y de un día para el otro parecería que su vientre se había triplicado.

El sonido de la cafetera llenó el pequeño departamento, seguido por el leve crujido de las persianas al abrirse. Alora, de pie junto a la ventana con una taza entre las manos, dejó escapar un suspiro. No de cansancio. Esta vez, era de paz.

—¿Te acostumbraste ya al caos de Mónaco? —preguntó Lando, saliendo de la habitación aún con el cabello revuelto.

—Todavía no me creo que estoy aquí —respondió ella, girándose para mirarlo—. ¿Esto es real?

Lando se acercó, rodeándola por la cintura, su mano rozando la curva de su vientre con naturalidad.

—Si no lo es, no me despiertes.

—Lo que si es que extraño al amor de mi vida –dijo ella, con una sonrisa nostálgica

—Pero si yo estoy aquí.

—Me refiero a Izzy –dijo Alora con una sonrisa contagiosa que hizo a Lando reír.

—Pero si ella te dijo, era lo mejor pues ella misma estaba esperando el momento para decirte que se muda a Los Angeles con Pato.

—Ya sé, eso lo hace aun mas difícil, pasamos de que nos separara un metro a miles de kilómetros en menos de un mes.

—Pero la vas a ver pronto, dijeron que viajaran para el gran premio de Miami.

—Lo sé —dijo Alora, dejando la taza a un lado—. Pero ninguna videollamada puede reemplazar. Su abrazo... su risa al final de mis chistes malos. Ya no la tengo todos los días.

—Ahora tienes otros chistes malos —replicó Lando, alzando las cejas con una media sonrisa.

—Eso es cierto —respondió ella, fingiendo resignación—. El universo me castigó con los tuyos.

Ambos rieron. Era extraño cómo habían encontrado de nuevo ese ritmo. Esa ligereza que alguna vez los unió. No era como antes, pero quizás eso era lo mejor. Esto era distinto. Más maduro. Más real.

Lando besó su frente.

—¿Quieres que vayamos hoy al mercado italiano ese que te gusta? Puedo pedirle a Max que me acompañe a comprar todo lo pesado después. Tú solo eliges.

RUNNING      [Lando Norris]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora