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0.19 Dudas, miedos, inseguridades





📍Bristol, Inglaterra

🗓️ 25 de diciembre

El amanecer en Bristol era perezoso, el cielo gris y denso cubriendo los intentos del sol por proyectar sus rayos y colores brillantes. Alora despertó sintiéndose prácticamente igual: pesada, atrapada, bajo el peso invisible de las palabras de su madre y el eco de sus miedos propios. No pudo medir el tiempo después de que Lando la había llevado de vuelta a la cama, la típica calidez que Lando le ofrecía, ahora estaba cubierta por el sabor agridulce y el frio de su ausencia.

Él no se encontraba en la habitación, pero el aroma del café recién hecho flotaba hasta ella desde la cocina. Tomó una sudadera, que prometía cubrirla del frio, pero el frio parecía provenir de ella, balo las escaleras, tratando de ignorar el torbellino de su mente.

Cuando cruzo el lumbral de la cocina, lo primero que noto fue a Lando sirviendo dos tazas de café. Sus movimientos eran rápidos, parecían ansiosos, como si todo fuera un intento por llenar el silencio. La familia no estaba; el espacio estaba extrañamente tranquilo, solitario incluso.

—Buenos días –Top of Formdijo él, su tono lleno de una calidez cautelosa. Miro hacia ella con una sonrisa tensa, como si esperara algo, esperaba la usual respuesta sarcástica que su novia le dedicaba, pero en cambio ella solo se encogió de hombros, desviando la mirada y sentándose en la mesa.

Lando dejo una taza frente a ella. —Hice café. También hay hotcakes si tienes hambres.

—Gracias –murmuro ella, tomando un sorbo de la bebida caliente. El líquido quemó su lengua, pero no le importo. El dolor físico parecía más reconfortante que las grietas que se estaban formando en ella y le dolían.

El silencio que siguió fue insoportable. Ninguno estaba acostumbrado a este tipo de silencios. Lando intento romperlo.

—Mama y Cisca llevaron a Flo al establo –dijo, su voz ligeramente animada—. Flo dice que quiere consentir a su caballo por Navidad. Ya la conoces.

Alora asintió, su mirada perdida a través del paisaje que la ventana le presentaba. Le dolía admitirlo, pero no estaba prestando atención a los que Lando decía, para ella eran balbuceos lejanos que sonaban de fondo a las palabras de su madre del día anterior resonando aun en su mente: "Cuando las cosas se compliquen... no digas que no te lo advertí".

—Oliver también salió temprano –continuo Lando, ahora claramente nervioso ya había notado la distancia y frialdad de su novia—. Fue a su casa con las chicas. Así que...estamos solos hoy. ¿Quieres hacer algo? Podríamos... no sé, salir a caminar o...

—Tu cuarto está bien –interrumpió Alora de pronto, su voz cortante. Marcando la palabra "tú", el mensaje era claro, mínimo para ella: ella no sentía que perteneciera a su mundo.

RUNNING      [Lando Norris]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora