capítulo 41

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Sombras del pasado

El atardecer teñía los ventanales de la mansión Riddle con un resplandor rojizo. Era una calma engañosa, demasiado perfecta, como si el aire mismo esperara que algo la quebrara en cualquier instante. Tom y yo estábamos en la biblioteca; él, recostado en el sillón con un libro abierto sobre las piernas, y yo apoyada contra su pecho, escuchando el compás sereno de su respiración.

—Estás inquieta otra vez —murmuró, cerrando el libro sin mirarme. Sus dedos jugaron con un mechón de mi cabello, pero su tono sonaba más acusador que cariñoso.
—Sólo… pienso en Pansy —mentí. En realidad pensaba en cuánto más podía ocultarle antes de que todo estallara.

Tom me miró de reojo, como si quisiera leerme por dentro. Sus ojos siempre parecían demasiado profundos, demasiado oscuros.

Entonces, un golpe seco contra la puerta retumbó en la biblioteca. Ambos nos pusimos de pie casi al mismo tiempo. Antes de que Tom pudiera reaccionar, la puerta se abrió con violencia y Patrick apareció, jadeante, cubierto de tierra y sudor.

—T/n… —su voz quebrada se clavó en mí. Tenía la ropa rasgada y las manos ensangrentadas—. Necesito tu ayuda.

Tom dio un paso al frente, interponiéndose entre nosotros como una muralla.
—¿Qué demonios haces aquí? —su tono era un veneno helado.

Patrick tragó saliva, tambaleándose.
—Me están siguiendo… los Rowlen. No tengo a dónde ir. ¡Me van a matar!

La sangre me heló las venas. Esa familia otra vez.

—¿Y qué te hace pensar que vendríamos a rescatarte? —preguntó Tom, cruzándose de brazos, aunque en su mirada se notaba la furia contenida.
Patrick lo ignoró y dio un paso hacia mí.
—T/n, por favor. Tú sabes que lo digo en serio. Tú sabes de qué hablo… sobre ese plan.

Me quedé helada. ¿Cómo lo sabía? ¿Qué tanto había descubierto? Tom giró lentamente hacia mí, y por un instante sentí que mi secreto comenzaba a resquebrajarse.

—Explícate —ordenó Tom, con una calma que era más peligrosa que un grito.

Patrick bajó la voz, desesperado.
—Los Rowlen… lo saben todo. Saben de la piedra, saben de tus intenciones. Si no hacemos algo, nos destruirán a todos.

El silencio se volvió insoportable. Sentí la mirada de Tom perforándome la piel, esperando una reacción.

—Déjalo hablar —dije, obligándome a sonar firme.

Tom frunció el ceño, pero no me detuvo. Y Patrick, aliviado, respiró como si hubiera estado ahogándose.

—No me queda tiempo —susurró—. Ellos ya me marcaron. Esto… esto es sólo el comienzo.

HOLISS, COMO ESTÁN?
se que tarde mucho en traer esta historia nuevamente pero tanta espera valió la pena y lo verán en los siguientes capítulos, mejore mi forma de escribir y narrar y pude agilizar la historia espero y les guste.

Bajo su poderDonde viven las historias. Descúbrelo ahora