Entre Draco y las sombras
El aire de la noche me golpeó con fuerza cuando salí de la mansión. No recordaba haber corrido tanto en mi vida; solo quería alejarme de esas paredes llenas de mentiras, de esas miradas que pesaban más que cualquier palabra. La luna estaba alta, fría, distante. Mis lágrimas caían sin permiso, quemándome la piel como si quisieran dejar su propia marca de vergüenza.
No sabía adónde iba, solo que no podía quedarme allí. Cada paso resonaba contra el suelo empedrado como un eco de mi propia rabia.
“¿Cómo pudo dudar de mí?”, pensé, con el corazón encogido. “¿Cómo pudo mirarla así… como si lo que teníamos no significara nada?”
El viento trajo el olor de la lluvia, y entonces escuché el sonido de un motor acercándose. Giré, confundida, y vi el resplandor de los faros cortando la oscuridad. El coche se detuvo a unos metros. La puerta se abrió con un chasquido, y de entre las sombras emergió Draco.
—T/n… —su voz fue apenas un susurro, pero bastó para que todo dentro de mí se rompiera.
No dije nada. Solo me quedé allí, temblando. Él se acercó despacio, como si temiera que pudiera desaparecer si daba un paso en falso. Cuando por fin estuvo frente a mí, me miró a los ojos, y en ese instante supe que no tenía que fingir más. Todo lo que estaba conteniendo salió en un solo sollozo, y él me atrapó entre sus brazos sin decir una palabra.
El abrazo de Draco siempre había tenido algo extraño: una mezcla de fuerza y calma, de peligro y refugio. Su pecho se movía rápido, como si estuviera conteniendo la misma tormenta que yo.
—No vuelvas ahí —murmuró, acariciándome el cabello—. No te merece ese idiota.
Apoyé mi frente en su hombro, empapando su camisa con lágrimas y lluvia.
—Todo se derrumbó por su culpa, Draco. Todo… —mi voz se quebró—.
Él no respondió enseguida. Solo me sostuvo más fuerte, hasta que el temblor en mis manos empezó a calmarse.
—Vamos a casa —dijo al fin, con esa firmeza suya que siempre imponía paz—. A mi casa. No vas a quedarte sola esta noche.
Intenté negarme, pero su mirada no me dio opción. Me abrió la puerta del coche con suavidad y esperó a que subiera. Durante el trayecto, el silencio se volvió casi sagrado. El paisaje oscuro se deslizaba tras la ventanilla, y solo el sonido de la lluvia llenaba el espacio entre nosotros.
Cuando llegamos a la mansión Malfoy,el cielo ya había estallado. La mansión, imponente y rodeada de jardines oscuros, parecía más viva bajo los relámpagos. Draco me tomó de la mano antes de que pudiera bajar sola. Su toque fue cálido, firme.
—Vamos —dijo, y por primera vez esa palabra me sonó como una promesa.
El interior de la mansión olía a fuego y a madera mojada. Todo estaba en penumbra, salvo las llamas que ardían en la chimenea del salón principal. El silencio allí no era opresivo, sino acogedor. Draco me quitó el abrigo empapado, lo dejó a un lado, y me miró con ese gesto suyo —mitad ternura, mitad dolor— que siempre lograba desarmarme.
—No puedo verte así —murmuró, acercándose un paso—. Te juro que si Tom te hizo daño…
—No lo hizo —lo interrumpí, aunque mi voz salió débil—. Solo dudó de mí, y eso duele más que cualquier herida.
Draco asintió, bajando la vista. Luego la levantó, y sus ojos grises se encontraron con los míos.
—Te mereces algo mejor que dudas. Te mereces amor sin condiciones.
Sus palabras me atravesaron fue como un despertar de sentimientos.
Me di cuenta de que estábamos muy cerca. Su respiración chocaba con la mía, y el calor de su cuerpo contrastaba con el frío que aún me cubría. Sentí que el corazón me latía tan fuerte que podía oírlo.
Él levantó la mano lentamente y me rozó la mejilla con los dedos. El contacto fue leve, casi un roce de aire, pero me estremecí.
—Mírame —susurró. Y lo hice. Lo miré con todo lo que me quedaba.
Había deseo, sí, pero también compasión, cariño, una devoción silenciosa. Draco no necesitaba palabras para hacerme sentir segura; bastaba con su presencia, con su mirada sosteniendo la mía como si el resto del mundo no existiera.
Entonces me abrazó otra vez, y esta vez fue diferente. Ya no era un abrazo para consolar; era un gesto desesperado, una manera de no dejarme caer.
—No voy a dejar que esto te destruya —susurró junto a mi oído—. No mientras yo esté aquí.
Apoyé la cabeza en su pecho, escuchando su corazón.
—¿Y si ya estoy rota, Draco? —pregunté, casi sin voz.
Él bajó la mirada y, con una ternura que me rompió el alma, respondió:
—Entonces me quedaré para ayudarte a recomponerte. Aunque me lleve toda la vida.
Sus palabras se quedaron suspendidas entre nosotros, más cálidas que el fuego de la chimenea.
Nos quedamos así, sin hablar, durante mucho tiempo. Hasta que el cansancio empezó a vencerme y mis párpados pesaron más de lo que podía sostener.
Draco me llevó en brazos hasta una de las habitaciones del ala oeste. Todo allí tenía ese aire antiguo y elegante propio de los Malfoy, pero a la vez se sentía extrañamente humano. Me senté al borde de la cama mientras él encendía otra chimenea.
—Quédate aquí —dijo, sin mirarme—. Descansa. Yo estaré abajo si me necesitas.
Asentí, pero cuando dio un paso hacia la puerta, algo en mí no lo dejó ir.
—Draco… —lo llamé. Él se giró, con esa mezcla de sorpresa y preocupación—. No me dejes sola. No esta noche.
Por un instante pareció dudar, pero luego volvió hacia mí.
Se sentó a mi lado, en silencio. El fuego dibujaba destellos dorados en su piel, y en sus ojos se veía el reflejo de mis lágrimas.
—Está bien —dijo finalmente—. No me iré.
No sé cuánto tiempo pasó después. Solo recuerdo el peso de su mano sobre la mía, el ritmo de su respiración mezclándose con la mía. En ese espacio suspendido, el mundo parecía haberse detenido.
Afuera, la lluvia seguía cayendo con fuerza, golpeando las ventanas como un recordatorio de todo lo que había quedado atrás.
Dentro, el tiempo ya no dolía tanto.
—Gracias —susurré, sin mirarlo—. Por quedarte. Por no soltarme.
Draco no respondió, pero sentí cómo apretaba un poco más mi mano.
Su silencio decía más que cualquier palabra.
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Bajo su poder
Fanfictionholaa Para empezar está historia no sé basa en las películas ya que no pasará lo mismo que en ellas. Está historia trata de un amor extraño, ellos creen que se trata solo de sexo ya que no creen en el amor , pero descubrirán poco a poco que existe y...
