Me remuevo al sentir una voz que me llama, aunque estoy un poco incomoda me niego a abrir los ojos. Unos dedos se deslizan por la piel de mi rostro, acomodando mi cabello, la voz se hace cada vez más cercana y fuerte tanto que logro reconocer de quien se trata.
Abro los ojos lentamente e inmediatamente me doy cuenta de que sigo en el auto en el que me fui con Alessandro, el ruido de la lluvia que parece no querer cesar cayendo sobre el moderno vehículo que nos cubre a ambos de la misma. Alessandro esta a mi lado, acariciando mi mejilla.
Eso me hace darme cuenta de que no ha sido producto de mi imaginación lo de esta noche.
Seguimos en esta cruda realidad de mierda.
Me incorporo en el asiento que para mí ya estaba incómodo, siento la mirada de Alessandro sobre mi y se la devuelvo como se que espera que haga.
—Hemos llegado.—Me avisa y me da una pequeña caricia en una de mis mejillas antes de bajar del auto sin esperar respuesta de mi parte.—
Me sobo suavemente los ojos con las manos tratando de eliminar el sueño aunque es algo casi imposible de conseguir, ya que el cansancio de todo lo ocurrido las últimas semanas y sobre todo esta noche me han pasado factura.
La lluvia a cesado por completo aunque aún puedo ver la humedad que ha provocado, los vidrios del auto están empañados y me imagino que las calles están mojadas, que, incluso las hojas de los árboles gotean aún y que fácilmente si anduviera a pie, por la calle y un auto me pasa por el lado a gran velocidad podría empaparme en cuestión de segundos.
Obviamente, no es algo que valla a pasar.
Pero no dejo que eso me impida salir del auto acercándome a la figura de Alessandro, no lo espero, camino entrando al lugar que conozco bastante bien y que esta a nuestro frente, me doy cuenta que Alessandro me sigue, veo de reojo que tiene ambas manos escondidas entre los bolsillos de sus pantalones negros, entro en el Hotel que lleva mi nombre desde que se inauguró.
Uno de los tantos regalos que me hizo Alessandro.
La recepcionista porta un uniforme impecable, atiende con una amable sonrisa a unos huéspedes y al desocuparse, su mirada encuentra la mía y me da un asentimiento respetuoso y me acerco a ella con una sonrisa.
—Bienvenida señora.—Me dice la chica con amabilidad, su expresión me hace entender que sabe perfectamente quien soy.—
—¿Sabes quién soy verdad?—
—Quién no sabría quién es usted señora.—Me dice casi de inmediato y sin pensarlo, muerde suavemente su labio como si se arrepintiera de haber hablado sin pensar.—Perdone mi atrevimiento yo..—
—¿Cuál es tú nombre?—
Logro ver el miedo en sus ojos, supongo que teme a que la despida después de hablarme así, cosa que obviamente no va a suceder.
Suspira pesadamente y noto como hace el esfuerzo en procesar toda la situación, aún así intentar permanecer indiferente, tranquila ante lo que yo valla a suceder a continuación.
A pesar de eso, respira hondo y pesado, noto como su garganta se mueve pasando algo del líquido de su boca antes de decirme su nombre.
—Franky Stevens, señora.—Me mira directamente a los ojos atrevidamente y sin miedo a alguna represaria.—
Bueno, realmente si tenia miedo, miedo a mi reacción, imagino que está acostumbrada a tratar con personas con problemas de autosuficiencia que con el más mínimo gesto de confianza no dada, son capaces de crear un escándalo que pretendería no tener fin y si lo tendría, sería el despido de tal persona.
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Amarte Otra Vez
RomansaSaga: Vida mafiosa #3 Dicen que al final del túnel oscuro siempre hay una luz que nos conduce. Pero ¿eso es del todo cierto? Laura Smith fue víctima de una vil traición de las personas más cercanas a ella, se vio obligada a abandonar al hombre de...
