Capitulo 24

48 4 2
                                        

Sus palabras tictaquearon en mi corazón de forma dolorosa, él no esperó respuesta de mi parte, se levantó con calma y desapareció de la habitación, dejándome ahí con mi dolor, co o n sus palabras resonando en mis oídos.

La inseguridad llega a mi cabeza por un momento.

¿No era suficiente yo para que él luchará por lo nuestro?

Niego con la cabeza. Recuerdo las palabras de mi psicóloga para evitar sentirme así.

Si lo era, solo que las circunstancias nos llevaron a esto.

No tengo ánimos para culpar a nadie, menos después de escuchar su versión, sé que el también estaba sufriendo y más de lo que creía.

¿Qué hacer ahora?

Dejar todo como está o tratar de cambiar algo.

El cegador sol radia por el vidrio de los ventanales iluminando por completo la habitación, calentando cada rincón por el que pasan. No se en que momento amaneció, solo sé que me quedé perdida en mis pensamientos solitarios mirando por donde Alessandro se había perdido en la oscuridad.

Me meto a bañar y vuelvo a perder la noción del tiempo, revolver el pasado nunca me había dejado tan perdida en mis recuerdos y en esa línea d tiempo como ahora.

Me enrollo en una toalla al terminar, el vapor del agua caliente empañó un poco el espejo, por lo que pasó mi mano por el vidrio para así, lograr ver mi reflejo, las bolsas negras en mis ojos reflejan la mala  noche y el cansancio se refleja en mi rostro con claridad.

Salgo y por suerte en el vestidor queda ropa de una de las tantas veces que mande a traer para cambiarme y simplemente quedaba toda la que no elegía aquí.

Me visto como ya se ha vuelto habitual, con ropa totalmente negra, unos jeans ajustados negros y una enguatada mangas largas que me cubre todos los brazos y hasta el cuello resaltando mi blanca piel, las botas de tacón cuadrado también del mismo color que el resto de mi ropa. Mi cabello rubio cae por mis hombros pero no por mucho porque me lo recojo en una alta coleta de caballo.

Termino y estoy por salir de estas paredes que me asfixian con tantos recuerdos, abro la puerta de salida pero un sonido me hace retroceder, una llamada entra en mi celular y eso me hace darme cuenta de que ya lo olvidaba en la mesita de noche, junto a mi arma de mano.

Mierda si que estoy distraída.

Agarro el teléfono y un número desconocido alumbra la pantalla, pero este no es mi teléfono, sino el de Alessandro, seguramente tomo el mio sin darse cuenta.

Pienso en la posibilidad de no tomar la llamada, pero la insistencia de la misma me hace pensarlo dos veces, tal vez sea algo lo suficientemente importante como para que Alessandro no me haga una tormenta en un baso de agua por haber irrumpido en su privacidad y meterme en algún asunto que probablemente no sea de mi incumbencia.

A tanta insistencia me aborda la curiosidad, supongo que debe de ser algo importante por lo que dejo de pensarla tanto y respondo finalmente colocandome el aparato electrónico sobre una de mis orejas e inmediatamente escucho unos pequeños soyosos que sobresaltan entre los gritos que se escuchan de fondo activando todas y cada una de mis alarmas.

—¿A..less..?—La voz de Vladimir suena y la reconozco al instante a pesar de los soyosos, los ruidos, la voz ronca y susurrante.—

—Soy Laura, ¿Qué sucede Vladimir?

Me..pones a Ale..ssandro..—Su voz tiembla y aunque no lo conozco bien, deduzco por los gritos de fondo que no tiembla de frío, más bien de miedo.—

Amarte Otra Vez Donde viven las historias. Descúbrelo ahora