El olor a pólvora inunda mis fosas nasales, la Sozorra que antes parecía muy valiente ahora está temblando como un cordero el cuál está a punto de ser comido por un león.
Las paredes, antes blancas, ahora estaban manchadas del rojo carmesí por el que se caracteriza el color de la sangre.
Los hombres, que estaban alrededor de la sozorra disfrutando del espectáculo hasta que llegara su turno de ser el protagonista del mismo, ahora estaban en el suelo con un disparo en la cabeza, habían tratado de escapar mientras yo estaba concentrada en Sonia.
Miro a Artem que me hace un asentimiento y me concentro en las dos personas que ahora tiemblan, la primera, la Sozorra, y la segunda, el hombre desnufo que quedaba vivo.
—¿Qué vas a hacer con nosotros?—Dice ella.—Sabes que no puedes tocarme, a menos que tu jefe te lo permita—Dice como si fuera intocable.—Y yo soy la madre de su hijo, no me puedes hacer nada.—
—Yo no tengo jefe, tengo esposo—Declaro, hasta Artem se sorprende de mi forma de hablar de Alessandro, hacia años había dejado de mencionar esa palabra para dirigirme a Alessandro.—No necesito permiso para hacer lo que me da la gana, pero además, ¿Qué crees que hará Alessandro cuando escuche lo que le has hecho a su hijo?—
Su rostro palidece, supongo que en estos momentos se está arrepintiendo de lo que hizo, pero ya es tarde, su miserable vida tiene los días contados.
No se en que pasaba por su cabeza en el momento en el que pensó que podría joder al hijo del Rey Rojo y salir ilícita de tal cosa.
No obstante, lo que le ha hecho a Vladimir quien sabe por cuánto tiempo no tiene nombre.
Y ya no hay tiempo de arrepentimientos.
¡Ya es demaciado tarde!
Mi mirada gira nuevamente a mi guardaespaldas y hombre de confianza con una clara orden.
—Encargate, puedes jugar con ellos.—Sonríe fríamente.—Pero los quiero con vida a los dos.—Le guiño un ojo y me dirijo ahora hacia el pequeño que soyosa y tiembla en un rincón agachado, sin tocar el piso con otra cosa que no sean sus pies pequeños, y sus manos estaban abrazando sus rodillas, seguía sin ropa, y no se había cubierto de nada, la habitación estaba algo fría, pero no temblaba por otra cosa que no fuera miedo..angustia y terror.—
Sus expresiones no hacían más que dolerme, después de..la muerte de mi bebé creí que ya nada me dolería más que eso, que nada me afectaría tanto, pero todo eso lo olvidé después de esa llamada, de ver lo que le hacían entre risas, de ver ahora lo que se ha vuelto ese pequeño de cinco años.
Lo he repetido muchísimas veces en mi mente, pero si, Vladimir me hace recordar mucho a ese bebé que perdí hace años...
Me arrodillé frente a él y lo abrace con fuerza, dejando que sus manos pequeñas llenas de moretones por los brazos se aferraran a mi.
—Gr..gra..Gracias.. me..salvaste.—Me susurró entre pequeños soyosos, besé su frente.—
—Siempre voy a estar aquí para ti pequeño.—
Lleve a Vladimir directamente a la enfermería privada de la Mansión apenas llegamos.
Como era de esperarse, aquí tenemos hasta nuestra propia enfermería, por supuesto no podemos darnos el lujo de aparecer con algún herido de bala en algún hospital por muy privado que fuera.
No nos podemos exibir de esa forma tan estúpida.
Deje de largo a Artem, seguramente fue a informarle a Alessandro lo que sucedió aún así no tenfo mente para eso en estos momentos, mi prioridad es el pequeño con la cara roja de tanto llorar y que aún tiembla en mis brazos.
ESTÁS LEYENDO
Amarte Otra Vez
RomanceSaga: Vida mafiosa #3 Dicen que al final del túnel oscuro siempre hay una luz que nos conduce. Pero ¿eso es del todo cierto? Laura Smith fue víctima de una vil traición de las personas más cercanas a ella, se vio obligada a abandonar al hombre de...
