|EPÍLOGO|

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Apago la luz del baño dejando la puerta entreabierta. El viaje de vuelta a Corea fue largo y exhausto. Para nuestra suerte, el departamento que compramos para hospedarnos cada qué venimos de visita estaba limpio, listo y la heladera y alacenas abastecidas. Esto de vivir en otro país y volver al natal cada tanto se nos dificulta un poco, a veces. Pero es imposible para nosotros no visitar a la familia, es algo realmente necesario. Nos hace feliz y nos llena de energías.

Veo a Kook dormir boca abajo abrazando una almohada. Resuella muy bajito. Su cabello largo le cubre la mitad del rostro permitiéndome ver solo sus labios entreabiertos. Todo se mantiene en silencio, son casi las dos de la mañana al ver mi teléfono sobre la mesita de luz. Luego desvío la mirada hacia la pequeña pantalla del intercomunicador notando ligeros movimientos. En silencio me dirijo hacia la habitación con la puerta abierta de enfrente. Enciendo la luz del velador y veo a mi pequeña bebé moverse sobre su espalda. Sus piernitas rechonchas están hacia arriba. Una de sus manitos en puño dentro de su boca y la otra sosteniendo su piecito.

Entre susurros la sujeto del torso delicadamente para levantarla teniendo cuidado con su cabecita. Balbucea, se remueve un poco. La acomodo entre mi pecho y hombro al dirigirme al enorme y mullido sillón al lado de su cuna. Con las piernas cruzadas coloco encima la almohada en forma de medialuna para situar su espaldita antes de deslizar el bretel de mi vestido dejando expuesto uno de mis senos. Su boquita, rápidamente, se prende de mi pezón comenzando a succionar mientras nos quedamos en silencio.

SunJung llegó un nevado día de enero en la ciudad de Florencia cambiando por completo nuestras vidas. Cuando nos afirmaron qué estaba embarazada, estuve aterrada y paranoica por todo, fue tan de repente, con el miedo constante en mi cabeza de heredarle mi enfermedad, pero cuando logre escuchar su corazoncito en el primer ultrasonido, supe, algo dentro de mí me manifestaba que todo estaría bien, que debía confiar en que nada malo nos pasaría. Entonces decidí tranquilizarme y amarle. JungKook a mi lado en ese momento de la consulta tuvo el mismo sentimiento y lloramos juntos de plena felicidad cuando nos dijeron que sería una niña.

Para nuestra buena racha, supongo, mi embarazo fue muy tranquilo, normal, asistiendo religiosamente a cada chequeo prenatal. Los primeros tres meses con los típicos síntomas horribles. Mantuve mucho cuidado y una buena alimentación. Para cuándo nació, los exámenes postnatales revelaron que no tenía problemas de salud, ninguno. Podíamos respirar y estar tranquilos, pues SunJung no heredó mi diabetes y estaba lejos de hacerlo. Era una bebé gordita, feliz y muy sanita.

Tener a nuestra hija fue la cosa más loca y emocionante de nuestras vidas. La mayoría de decisiones rondan alrededor de ella y ser su omma me enseña mucho todos los días. Es ahora que comprendo a mi madre, e incluso simpatizo con las acciones, comportamientos y decisiones que escogió para mi crianza, y solo estoy agradecida por haberme amado incondicionalmente, así como, dado la libertad suficiente para vivir a mi manera. Mi pequeña princesa posee tanto amor de tantas personas que me siento satisfecha.

Logró conciliar el sueño de inmediato. Con cuidado alejo su boquita cubriéndome de nuevo. Tiene la misma expresión tierna de su appa al dormir. También sacó sus redondos ojos oscuros y finos labios. Es una versión femenina en miniatura de JungKook. Cuando me enojo arremeto contra él gritándole que ella no tiene nada suyo. Él se ríe a sabiendas de que es una total mentira y eleva a nuestra hija como si fuera un pedazo de tela entre sus enormes manos para restregarme el parecido. Argh, quiero creer que a medida que crezca muestre rasgos parecidos a mí, pero aun cuando mantengo la esperanza, sé que eso no sucederá.

La acomodo de costado cubriendole un poco con su manta de conejitos. El ambiente está a una temperatura ideal, por lo cual no me preocupa que pueda pescar un resfriado. SunJung es bastante fuerte. Apago la luz. Hasta que no paso el umbral de su habitación no le quito la vista. Despacio me meto a la cama levantando las sábanas, me cubro con ellas hasta la cintura procediendo a cerrar los ojos. El cuerpo cálido de mi esposito se aferra a mi espalda, su pesado brazo se dobla en mi cintura y pecho apretándome a él. El silencio, su calor y su acompasada respiración ayudan a conciliar el sueño más rápido.

𝘾𝙐𝙀𝙎𝙏𝙄𝙊𝙉 𝘿𝙀 𝙋𝙀𝙎𝙊 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora