House tarareaba una melodía indescifrable cuando Bet lo vio salir del vestuario antes de tiempo. Aún faltaban dos horas para el final de su turno. Debería detenerlo, pero el omega se veía de buen humor, y considerando su complexión algo más delgada de lo habitual, Bet sospechaba que no estaba en condiciones de discutir. Sin decir nada, le entregó el bolso con la comida de siempre. House tomó la bolsa sin mirarlo y siguió su camino sin prisa, con su bastón marcando el ritmo de cada paso.
Al llegar al estacionamiento, se recostó perezosamente sobre el auto de Wilson, esperando. Cerró los ojos, disfrutando el leve calor del metal contra su espalda, hasta que escuchó pasos acompasados acercándose. Abrió los ojos y sonrió. Ahí venía Wilson, distraído con su celular, probablemente contestando un mensaje de su querida esposa. House ladeó la cabeza, dejando que una sonrisa ladeada se formara en su rostro.
—¿Recuerdas el caso de esta mañana?—preguntó House sin preámbulos, su tono impregnado de una traviesa expectativa.
Wilson alzó la vista, arqueando una ceja.
—¿El no-tumor cerebral?
House asintió, acomodando mejor su postura contra el auto.
—Lo acepto. No dejaré mi increíble puesto de conserje, pero podría darte una divertida asesoría.—Sus ojos brillaron con malicia mientras observaba a Wilson presionar la llave para retirar los seguros del auto.
Wilson soltó un suspiro, claramente agotado.
—No te pedí asesoría. Te sugerí que vuelvas a ejercer como doctor.—Su tono era serio, pero no molesto. Casi parecía una petición sincera.
House chasqueó la lengua y rodó los ojos.
—Vamos, Wilson, no le quites la diversión a esto.—Se quejó mientras abría la puerta del copiloto con toda la naturalidad del mundo.
Wilson giró la cabeza y lo miró con una mezcla de exasperación y resignación.
—Eso sería como cargar con todo el deber y tú solo con la 'diversión'.—Marcó la última palabra con un ademán de comillas en el aire. Luego frunció el ceño al notar que House ya estaba acomodándose en el asiento.—Espera... ¿Por qué subes?
House lo miró con fingida sorpresa, ofendido.
—Iras a mi casa, ¿no? Hoy hay partido de los Boston Red Sox.—Su sonrisa se hizo más marcada, su tono burlón.—Aunque es claro que nosotros jugaremos más allá de doble base.
Wilson se tensó de inmediato. Su mirada parpadeó entre la burla de House y el salpicadero del auto. Un calor incómodo subió por su cuello al darse cuenta de lo cierto que era. La rutina entre ellos era algo establecido, tan natural como respirar. Casi nunca iba a su propia casa, apenas una o dos veces a la semana. El resto del tiempo... lo pasaba con House. Haciendo exactamente lo que el omega insinuaba con descaro.
Y hoy... hoy Sam había insistido en la cena. Estaba con el tiempo encima porque había tenido que atender a un par de pacientes extra. Maldijo internamente. Su esposa ya sabía más de la cuenta probablemente.
—Tengo que ir a casa. Me espera para la cena.—Su tono era bajo, incómodo, como si quisiera que House no lo escuchara.
El cambio en la expresión de House fue sutil, pero Wilson lo notó. Sus ojos se entornaron apenas un milímetro, su sonrisa ladeada se volvió mucho más afilada, como el filo de una navaja escondida en la comisura de sus labios. La sombra de algo inescrutable cruzó su mirada, una chispa de desafío mezclada con algo más oscuro, más denso. No hizo ningún ademán evidente, pero la atmósfera a su alrededor se tensó, como si en ese mínimo cambio de expresión se encerrara un universo de palabras no dichas.
ESTÁS LEYENDO
Diagnóstico
FanfictionGregory House, un brillante pero infame diagnósta omega de Nueva York, descubre que tiene cáncer. Esto lo lleva a buscar al mejor oncólogo, el Dr. James Wilson, en el hospital Princeton-Plainsboro. Wilson, un alfa casado, se ve atrapado entre su vid...
