—¡Y ahí va el lanzamiento! Una recta alta, pero el bateador no se deja engañar...
House apenas registraba las palabras. Su cuerpo estaba arrojado contra el sofá de cuero, su camisa arrugada y abierta hasta el tercer botón, dejando a la vista su pecho pálido y el sutil temblor de su respiración agitada. La estancia olía a cerveza, piel caliente y el tenue aroma de té con miel que siempre se aferraba a Wilson. Los envases de comida estaban esparcidos por la mesa, el microondas había hecho un pésimo trabajo en recalentar los taperes, pero eso era lo último en lo que cualquiera de los dos pensaba en ese momento.
Wilson estaba sobre él, con el rostro tenso, concentrado, los labios entreabiertos mientras guiaba su erección a la entrada de House. Había sido cuidadoso, paciente en su manera de prepararlo, deslizándose entre sus piernas con un esmero casi reverente, pero al final el alfa había cedido al impulso de reclamarlo como su amante, de hundirse hasta lo más profundo de él. House sintió el estirón ardiente cuando lo tomó, un dolor que se mezclaba con la deliciosa presión de ser llenado, de estar justo donde su cuerpo quería estar, de cumplir con el deseo instintivo que su casta le gritaba desde lo más profundo de su ser.
—¡El bateador hace contacto! ¡La pelota se eleva...! —el televisor gritó.
House jadeó, aferrándose a los brazos de Wilson. Sus dedos arañaron la camisa del alfa, arrugándola más de lo que ya estaba. Wilson se quedó quieto por un segundo, su frente apoyada en el cuello de House, su respiración era un susurro caliente contra su piel. House se preguntó si estaba pensando en su esposa. Si la culpa lo roía. Si se repetía que esto era solo sexo, solo un escape, solo un error que podía enmendarse con el tiempo.
—Mírame —murmuró House, tomando su rostro entre sus manos.
Wilson lo hizo. Sus ojos oscuros estaban nublados por la lujuria, sus pupilas dilatadas, su mandíbula apretada por el esfuerzo de contenerse.
—¡La bola vuela... vuela...! —continuó el televisor— ¡Es un jonrón!
Wilson se movió. Fue lento al principio, como si quisiera alargar la sensación, como si temiera exigir demasiado del cuerpo de House. Pero el omega se arqueó bajo él, sus caderas empujando de vuelta con un instinto que no podía reprimir, con una necesidad que lo quemaba desde adentro. Wilson maldijo en voz baja, sujetándolo de las caderas para tomar el control, para hundirse más profundo, más fuerte.
El nudo comenzó a formarse, hinchándose dentro de House, estirándolo aún más. La sensación de estar atrapado, de ser llenado por completo, lo hizo gemir contra el cuello de Wilson, su aliento caliente y desesperado. El alfa gimó con él, con su rostro perdido en su cabello, con su cuerpo temblando de placer contenido.
House no podía evitarlo. No podía evitar disfrutar cada segundo, cada embestida, cada instante en el que era elegido sobre la señora Wilson. Era un amante, un maldito amante, pero eso no evitaba que su corazón latiera con fuerza al sentir la devoción con la que Wilson lo tomaba. Era estúpido, jodidamente patético, pero parte de él se sentía seguro, protegido, como si la enfermedad que lo estaba matando no importara mientras Wilson estuviera ahí, hundido en él, respirando contra su piel.
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Diagnóstico
FanfictionGregory House, un brillante pero infame diagnósta omega de Nueva York, descubre que tiene cáncer. Esto lo lleva a buscar al mejor oncólogo, el Dr. James Wilson, en el hospital Princeton-Plainsboro. Wilson, un alfa casado, se ve atrapado entre su vid...
