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Cuddy parecía al borde de perder la paciencia. Sus labios estaban tensos en una línea delgada, los brazos cruzados con rigidez y la mirada perforando a los tres médicos más jóvenes, que mantenían la cabeza gacha como niños reprendidos.

—Hablamos de una persona, no de un caso andante —espetó con incredulidad, el tono impregnado de desaprobación.

Wilson y House observaban la escena desde la puerta. Wilson titubeó un segundo, el instinto de supervivencia diciéndole que lo mejor sería retroceder antes de que lo notaran.

—Sabes, recordé que llegaré tarde a la cena —susurró, girándose sobre sus talones con una velocidad admirable.

House, por supuesto, no se lo permitió. Con una mano firme lo agarró del brazo y, con una sonrisa burlona en los labios, lo arrastró con él hacia adentro.

Cuddy alzó la mirada al verlos entrar y sus ojos azules se posaron en Wilson con una mezcla de exasperación y sarcasmo.

—Wilson... Al parecer, tu paciente es bastante popular —comentó con tono agrio.

—Y eso que es un beta —agregó House con fingida sorpresa mientras cojeaba hasta el sofá y se dejaba caer pesadamente, acomodando su bastón a un lado.

—¿Qué hace el conserje aquí? —gruñó Chase, la irritación evidente en su acento australiano.

House sonrió con malicia y lo señaló con el bastón.

—Tranquilo, niño bonito. Solo soy un afectado colateral de la travesura de tu colega. Mi chofer no pudo llevarme.

El bastón se movió con pereza hasta apuntar al culpable, que permanecía de pie, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. House entrecerró los ojos, una expresión pensativa cruzando su rostro antes de sonreír de lado.

—Vaya, caes en el estereotipo.

Chase frunció aún más el ceño, como si el comentario fuera dirigido a él.

—Es neurocirujano, y usted es solo un simple conserje. No creo que tengan mucho de qué hablar.

—Bueno, yo no soy el que roba pacientes. Buena forma de agregar experiencia en tu currículum —replicó House con una carcajada burlona, como si realmente no le importara.

Cuddy exhaló con cansancio y miró a Foreman con severidad.

—Doctor Foreman, sabe que podríamos denunciarlo por sus acciones, ¿verdad?

Foreman suspiró con fastidio y la miró con cansancio, pero su voz se mantuvo firme.

—La brecha legal me daría apoyo.

Cuddy arqueó una ceja, su sonrisa contenía la satisfacción de alguien que ya había ganado la discusión.

—No creo que llegaran tan lejos. Especialmente si manchas el nombre del Mercy... No te brindarán abogados.

Foreman cerró los ojos un segundo antes de rodarlos, claramente irritado, pero sin nada más que decir.

Cameron intervino con su voz gentil, como si quisiera rebajar la tensión.

—Disculpe, pero la paciente... ¿No cree que los médicos que sí somos del hospital deberíamos tomar el caso?

Cuddy giró hacia ella con una expresión agotada, como si fuera la gota que colmaba el vaso.

—Disculpa, pero tú no estás en el caso —respondió tajante. Luego miró a Chase y Foreman—. Ni tú. Y menos usted —añadió con desdén, girándose hacia House, que sonreía ampliamente como si disfrutara de un espectáculo gratuito.

DiagnósticoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora