Era uno de esos días malos. House lo supo en cuanto abrió los ojos y sintió que su cuerpo no quería moverse.
El mareo fue lo primero. No un giro suave y pasajero, sino esa sensación pesada que lo arrastraba hacia el suelo. Luego vinieron las náuseas, agazapadas en su estómago como un animal hambriento esperando el momento exacto para atacarlo.
Así que terminó en el baño, inclinado sobre el lavabo, lavándose la cara una y otra vez con la esperanza de que el agua fría espantara la fatiga que lo embotaba. Pero no lo hacía.
Suspiró pesadamente, apoyando ambas manos en la cerámica.
—Genial —murmuró.
Si la inmunoterapia no estaba funcionando... bueno, mejor no pensar en eso ahora.
Se frotó los ojos, tratando de concentrarse en otra cosa. Pero la pesadez no era solo física; era mental, emocional. Como si mil elefantes le hubieran pasado por encima, dejando tras de sí un cansancio que no tenía nada que ver con la noche anterior.
Escuchó pasos pesados acercándose por el pasillo antes de que la puerta se abriera. Wilson apareció en el umbral, todavía somnoliento, despeinándose el cabello con una mano mientras se frotaba los ojos con la otra.
—¿Qué haces despierto tan temprano?
House resopló, sin molestarse en voltear a verlo.
—Tratando de ahogarme en el lavabo, pero parece que no tiene suficiente profundidad.
Wilson parpadeó, todavía sacudido por el sueño, y luego entrecerró los ojos, analizándolo con una atención más despierta.
—¿Te sientes mal? —preguntó, dando un paso hacia él.
House hizo una mueca.
—Oh, no, estoy radiante. No es que me vea como un cadáver ni nada.
Wilson ignoró su sarcasmo y se acercó más, colocándole una mano en la frente. House frunció el ceño, pero no se apartó.
—Estás pálido —murmuró el alfa, deslizando la palma de su mano por su mejilla y luego por su cuello—. Y sudando frío.
—Gracias, doctor, lo tendré en cuenta.
Wilson no le respondió de inmediato. Sus dedos se deslizaron instintivamente hacia su muñeca, tomándole el pulso. House sintió la presión firme de su agarre y rodó los ojos, dejándolo hacer solo porque sabía que si protestaba, Wilson solo lo haría con más insistencia.
El alfa lo inspeccionó con seriedad, su mente médica activándose incluso en su estado somnoliento.
—¿Cuándo empezaste a sentirte así?
—Oh, no sé, probablemente entre la décima y la undécima vez que vomité esta mañana —bufó House, quitando bruscamente su muñeca de las manos de Wilson.
Wilson apretó los labios con desaprobación.
—House...
—No empieces.
—Si es otro efecto del tratamiento, deberías decírmelo.
House lo miró por fin, con una sonrisa ladeada pero vacía.
—¿Y arruinar la sorpresa de nuestra próxima cita médica? No, no, quiero que veas la expresión en tu cara cuando lo descubras tú mismo.
Wilson exhaló con frustración, pero no insistió.
En su lugar, deslizó la mano por su espalda, acariciándolo con un toque paciente que contrastaba con la severidad de su mirada.
House se quedó inmóvil, sintiendo la calidez de su contacto filtrarse a través de su camiseta. Era reconfortante, demasiado. No debía acostumbrarse a esto.
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Diagnóstico
FanfictionGregory House, un brillante pero infame diagnósta omega de Nueva York, descubre que tiene cáncer. Esto lo lleva a buscar al mejor oncólogo, el Dr. James Wilson, en el hospital Princeton-Plainsboro. Wilson, un alfa casado, se ve atrapado entre su vid...
