Veinticuatro

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Anoche tuve un sueño extraño, uno de esos que te hacen sentir que fueron hechos reales, vividos, pero son tan fantasiosos que te dices a tí mismo “¿qué va a estar siendo eso real? Es un mero sueño bien estructurado”

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Anoche tuve un sueño extraño, uno de esos que te hacen sentir que fueron hechos reales, vividos, pero son tan fantasiosos que te dices a tí mismo “¿qué va a estar siendo eso real? Es un mero sueño bien estructurado”.

La cuestión es que soñé, aún lo dudo, que lanzaban piedritas a mi ventana, así que me levanté milagrosamente para reclamarle a quien se atreviera a molestar a mi hermana, pues su cama es la más cercana a la ventana y seguramente Mike llorando quisiera hablar con ella. Para mi sorpresa, se trataba de Jasper, así que por eso mi pesadísimo sueño se espantó. Me hizo señas hacia mi izquierda y me dirigí al jardín casi sonámbula, pues mis párpados pesaban y mis pies simplemente se arrastraban.
Apenas llegué a él siento que le sonreí, pues no me ví a mí misma en todo el sueño; él tomó mis manos y las besó al menos unas tres veces, luciendo nervioso o quizá frustrado, o ambos.

«—¿Qué pasó? ¿Qué estás haciendo aquí?», le pregunté.

«—Low, tengo que decirte algo y lo haré ahora, pero no quiero que te espantes. Debo hacerlo porque me iré y, aunque espero volver mañana mismo no sé cuánto días estaré lejos, o si ocurrirá algo y no podremos vernos más», no fuí capaz de siquiera fruncir el ceño.

«—¿Por qué te vas a ir? O dime al menos a dónde. No me digas que vas a desaparecer»

Él negó y me vió con pesar. Miró mis labios y por más anonadada que estuviera supe que me besaría, más no me anticipé, pues el sueño me vencería y terminaría con la frente sobre su pecho y con los ojos bien cerrados. Jasper me dió un corto beso, después soltó mis manos y palpé el aire hasta que lo alcancé a él para no caerme cuando me besó otra vez y acunó mi rostro. Apenas alejó sus labios de los míos no ví su rostro, pues dejé mis ojos cerrados y volvió a besarme; lo hizo de nuevo y de nuevo, y una vez más.
Ahora que lo pienso, hasta ese momento era un excelente sueño.

«—Soy un vampiro, Low», soltó de la nada y abrí los ojos. Esa vez sí sentí mi propia confusión.

«—¿Qué?»

«—Soy un vampiro. No es una broma, Low», juraría que su explicación se debía a risas mías.

«—¿Me dices que te vas y luego que eres Drácula para que crea que estás loco y desaparecer de mi vida para siempre porque te aburrí y no quieres terminar conmigo directamente o qué?», por favor, lo único de vampiro que tiene Jasper es el físico divino y el aura misteriosa. Además, los vampiros no existen.

«—Desearía que fuera mentira, pero no lo es. Y yo jamás terminaría contigo ni tú me aburrirías, mi amor», su tono fué paciente, aunque pude sentir su desaliento.

Jasper quiso convencerme de que era un vampiro quizá unos cinco minutos... Recuerdo vagamente pedirle que se convirtiera en murciélago, pero mi imaginación no me lo concedió y sólo me mostró al rubio miel con semblante triste empeñarse en ser un ser inmortal nacido en 1844. Cuando se rindió, me abrazó y dejó un último beso en mi mejilla. Creo saber que se trataba de un sueño porque Jasper me cargó de camino a mi habitación y me dejó en mi cama bien arropada. Cerré mis ojos todo el camino y seguro me quedé dormida enseguida entre sus reconfortantes brazos fríos. Si hubiera estado conciente no habría dejado que entrase a mi casa a quién sabe qué alta hora de la noche mientras mi familia dormía, y mucho menos cargándome, no fuera a ser que Finneas o alguien más se diera cuenta y malinterpretara todo, además de que mi hermana literalmente duerme conmigo y no metería a un chico a nuestra habitación.

Inmarcesible | Jasper Hale Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora