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Donghae





Cuando todos se fueron y Hyukjae y yo estuvimos a solas con Nayeon una vez más, él se acercó a nosotros y bajó la mirada hacia la cuna donde estaba Nayeon. La miró como si quisiera tocarla, sostenerla, pero no se permitiera a sí mismo hacerlo. Me puse de pie.

-Voy al baño. ¿Vigilas a Yeonnie?

Hyukjae asintió lentamente, pero sus ojos parpadearon con preocupación. Moverse seguía siendo difícil, así que me tomó un tiempo subir las escaleras hacia nuestro baño. Todo tomaba más tiempo, y estaba lavándome las manos cuando oí el llanto de Nayeon. Me apresuré a salir, pero me detuve en la puerta de nuestra habitación, asomándome a través de la rendija para ver hacia Hyukjae, quien estaba rondando junto a la cuna.

No estaba seguro cómo hacerle ver que no le haría daño.

-¿Hae? -llamó y me escondí detrás de la puerta, esperando.

Mi estómago tensándose ante el llanto de Nayeon. Tomó toda mi fuerza de voluntad no correr hacia ella y acunarla en mis brazos.

-Está bien -dijo Hyukjae en voz baja.

Me arriesgué a echar otra mirada.

Hyukjae seguía cernido sobre la cuna, mirando hacia abajo como si estuviera matándolo. Estaba a punto de entrar, de interferir y calmar a Nayeon, cuando finalmente llevó los brazos hacia la cuna. Me había visto cargarla. Dudó, y después la levantó de su cuna, sosteniendo su pequeña cabeza con sus fuertes dedos de la manera en que yo lo hacía. Se veía diminuta en sus grandes manos fuertes. La acunó en el hueco de su brazo, después acarició su mejilla con su pulgar. Mi corazón estalló de tanto amor, que fue casi doloroso.

-Shhh, princesa, shhh. Todo está bien. -Ella se calmó, sus grandes ojos intentando centrarse en él-. Dios, eres tan pequeña -susurró, su dedo rozando su pequeña mano y sus diminutos dedos.

-Ves -dije, entrando al rellano-. No la rompiste.

Levantó la mirada y luego frunció el ceño.

-Lo preparaste.

-No lo preparé. Yeonnie llora cuando quiere. Pero decidí no ir a ella como haría normalmente.

Bajé las escaleras lentamente, y Hyukjae se movió hacia mí, extendiendo su mano libre para ayudarme. Mi corazón se hinchó cuando puse mi mano sobre el brazo de Hyukjae sosteniendo a nuestro bebé.

-Disfruta de estar en tus brazos. -Su mirada se movió de nuevo a nuestra hija.











Hyukjae











El llanto de Nayeon se intensificó a medida que se agitaba en la cuna. Donghae todavía estaba arriba, pero tenía que calmar a nuestra hija.

-¿Hae?

No respondió y Nayeon continuó llorando, su cara arrugada en un puchero, sus brazos y piernas sacudiéndose. Mierda. Mi corazón se rompía con su llanto.

Conteniendo la respiración, extendí la mano hacia la cuna, deslizándola cuidadosamente bajo Nayeon, asegurándome que mis dedos soportaran su cabeza, y la alcé para sacarla. Era tan pequeña entre mis palmas. La acuné en el hueco de mi brazo y acaricié su suave mejilla con mi pulgar.

-Shhh, princesa, shhh. Todo está bien. -Se calmó, parpadeando y abriendo

los ojos.

-Ves, no la rompiste -dijo Donghae cuando apareció en lo alto de la escalera.

No lo había hecho y no lo haría.

Donghae se unió a nosotros en la planta baja. Nunca lo había visto más feliz que en este momento mientras me observaba con Nayeon. Envolví mi brazo libre alrededor de el, atrayéndolo hacia mi costado, y me dio esa sonrisa lenta y preciosa.

-Ves, tu oscuridad no se adueñó de mí y tampoco de ella, Hyukkie. Yeonnie te verá como yo te veo, como alguien que la sostendrá cuando lo necesite, alguien que la ama y la protege.

-Me haces humano, Hae -dije en voz baja.

Sus cejas se fruncieron.

-No digas eso. Eres humano.

Sonreí oscuramente.

-Si alguna vez alguien se atreve a hacerte daño a ti o a Nayeon, no verán mi lado humano.

Donghae asintió.

-Nadie jamás tendrá la oportunidad de hacernos daño, Hyukkie.

Tenía razón. Movería cielo y tierra para garantizar su seguridad. Estar en guerra con la Organización haría esto más difícil. Tenía que vigilar a la Organización y a la Bratva, por no hablar de los MC locales que continuaban dándoles problemas a mis lugartenientes en el Sureste. Pero mi mayor preocupación comenzaba a ser la Camorra en Jeju.

Tenía que asegurarme que la Organización no comenzaba a trabajar con la Camorra, o las cosas se volverían conflictivas. Sin embargo, mientras Benedetto Bang Falcone continuase matando a sus lugartenientes, Yoongi continuaría viéndole como alguien demasiado volátil, y sin continuidad en sus filas, a Benedetto le faltaría el foco necesario para poner sus vistas más allá de sus fronteras. Pero ¿quién podría decir cuánto duraría eso? Christopher Chan Bang Falcone había desaparecido, pero sabía que estaba ahí fuera, y un día volvería aparecer en el Oeste. No me daría problemas otra vez, no hasta que matase a su padre y se convirtiera en Capo, pero entonces las apuestas ya estarían hechas. Se mediría conmigo. Todavía era joven y no tenía nada que perder, pero olvidaba que yo tenía algo por lo que luchar. Quizás su padre me lo quitaría de las manos y mataría a su hijo antes de eso.

Deadly Love Donde viven las historias. Descúbrelo ahora