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Hyukjae






Eran casi las dos de la mañana cuando subimos a nuestro automóvil y nos dirigimos hacia el punto de encuentro que Jungsu había mencionado en su nota. Donghae estaba muy callado a mi lado. Alcancé su mano y me dio una sonrisa agradecido.Parecía resuelto, no devastado como me había temido. Le daba vueltas a un brazalete en su muñeca izquierda. Era la primera vez que se lo había visto puesto. Usualmente solo usaba el brazalete que yo le había dado. Estacioné en una calle lateral y me giré hacia Donghae. El notó mi mirada en su muñeca.

—Era de mi madre. Quiero dárselo a Jungsu.

—Hae, sé que aún piensas que puedes apelar a su corazón, pero créeme cuando digo que como Ejecutor de la Camorra, no puede permitirse un corazón blando.

Me dio una sonrisa extraña.

—Estoy rodeado de hombres como él. Son mi familia. Estoy casado con uno.— Mis dedos se apretaron alrededor del volante—. ¿O estás diciendo que Jungsu ha terminado peor que tú?

No estaba seguro de lo que Jungsu había hecho o no había hecho, pero yo había cometido casi cualquier crimen imaginable. Solo había una diferencia entre la Famiglia y la Camorra, y era el único crimen del que no era culpable de cometer.

—No perdonan a las mujeres ni a los donceles, Hae.

Tragó audiblemente.

—Lo sé. Pero tengo que creer que hay algo bueno en él. —Tocó mi pecho donde estaba mi tatuaje de la Famiglia—. Conseguí llegar hasta ti. Quizás puedo llegar hasta él.

Si alguien podía hacerlo, entonces era Donghae. Después de todo, se había ganado mi corazón.

Había empezado a nevar cuando salimos del auto. Saqué mi Beretta, escuchando ruidos sospechosos, pero estaba tranquilo excepto por el sonido del tráfico en la distancia.

Donghae se estremeció.

—No lo mates. Por favor.

No dije nada. No era algo que pudiera prometer. Si él hacía un movimiento equivocado, lo terminaría antes de que pudiera lastimar a Donghae.

—No menciones a Nayeon ni a Yeonjun —le advertí.

Frunció el ceño.

—Hyuk, amo a mi hermano, pero caminaría a través del fuego por mis hijos y por ti. Jamás pondría en riesgo su seguridad. Hemos luchado tan duro para mantenerlos en secreto de nuestros enemigos. No pondré eso en la línea por Jungsu ni por nadie.

No estaba seguro de cuánto tiempo más podríamos mantenerlos en secreto.

Estaban haciéndose mayores. Nos habíamos alejado del público por ellos, y había amenazado a algunos periodistas que pensaban que podían escribir algo sobre nosotros. Nada se había hecho público. Yoongi había hecho lo mismo y sin Jungkook como espía, no sabría nada de sus hijos.

Le di a Donghae un asentimiento y le hice un gesto para que siguiera caminando. Levanté mi arma pero me quedé atrás. Vi a Jungsu cuando doblamos la esquina. Estaba apoyado contra la pared, viéndose jodidamente relajado.

Sus ojos se centraron en Donghae, pero no me notó. Apunté a su cabeza.

—Hola, Junggie —lo saludó Donghae y le mostró su nota—. ¿Dijiste que querías hablar conmigo a solas porque necesitabas mi ayuda?

Se acercó aún más con una jodida mirada en su rostro que no me gustó ni un poco. Donghae lo dejó acercarse mucho más de lo que habíamos acordado. Sin embargo, la mano con su arma todavía colgaba débilmente a su lado.

Deadly Love Donde viven las historias. Descúbrelo ahora