"Nanaba, ¿qué quieres ser de grande?"
Recordaba ese día, era un día caluroso de verano. Las dos jugábamos en el parque cerca de casa.
"Doctora, claro"
Su sonrisa era dulce y brillante. Siempre fue más fuerte que yo, siempre fue mas lista, mas interesante, mas segura de si misma incluso desde niñas.
"¿Y tu?"
Me miraba desde el pasamanos.
"Quiero ser bailarina. Como esa chica que vi con mamá en el teatro. Eran tan linda con su vestido"
Mi prima sonrió, se agarro fuerte de los tubos metálicos que estaban alineados en aquel juego infantil pero por desgracia a la mitad cayó al suelo.
"Nanaba, ¿estas bien?
"Si, solo me raspe. ¿De verdad quieres ser bailarina?"
Sus ojos dudaron por unos segundos.
"Parece tan difícil y de seguro deben dolerles mucho los pies"
Si Nanaba, duele mucho. Aunque no exactamente son los pies lo que me duele ahora.
"Pero va contigo. Hay que hacer una promesa. Yo seré tu doctora, te voy a dar medicinas siempre que te duelan los pies. O si te cansas mucho yo te voy a cuidar. Pero tu debes prometer que serás la mejor bailarina del mundo y cuando seas tan famosa les dirás a los doctores que se te acerquen que ya tienes a una"
Mi corazón se calentó en ese momento. Nanaba era mi prima y mejor amiga en todo el mundo. Y saber que la tendría a mi lado para siempre me animaba.
"Lo prometo"
Por desgracia la vida a los nueve años parece tan fácil que uno cree que podrá mantener sus promesas.
Su abrazo me removió la mente, el cuerpo y un poco el alma. Quería soltarla y decirle que no merecía ese cariño que sus brazos inyectaban a mi cuerpo. Estaba lista para oír sus regaños y cientos de "te lo dije" pero en cambio me acurruque más a ella, clavando mi cara entre su cuello.
Su mano comenzó a acariciar mi cabeza, como lo hacía cuando jugábamos a que ella era una doctora y yo su paciente enferma.
Estuvimos así por varios segundos hasta que me soltó. Sus manos apretaron ligero mis hombros y sus ojos verdosos me analizaron de arriba a bajo Lagrimas se colaron pero no salieron.
Ella siempre era tan fuerte.
-Odette - aquí viene. No me sentía lista para su regaño pero no había más escapatoria - perdóname. Por favor.
¿Perdóname?
No era la clase de palabras que esperaba de ella. En mi mente había creado un posible discurso para ser yo la que se disculpara pero ahora todo ese trabajo mental estaba siendo desechado.
-Esa noche, debí seguirte. Haberte obligado a subir al auto o al menos haber ido a buscarte, sabia que estabas con él. Pero fui tan orgullosa. Estaba tan enojada contigo en ese momento, que no pensaba con claridad.
- Nanaba - tome sus manos entre las mías. Estaba temblando para evitar que las lagrimas volvieran a salir.
- Te fui a buscar días después, pero ya no estabas. No debí decirte todas esas cosas horribles, debí entender como te sentías. Por favor Odette, ¿crees que podrás perdonarme?
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Odette | Reiner Braun
Fiksi Penggemar"Llevas el nombre de una princesa" Evelyn Harrison creyó que llamar a su única hija como el personaje principal de una obra de ballet era buena idea, quiza pensó que al hacerlo, su hija creceria llena de encanto y belleza, tal como narra la historia...
