El corset se tensaba aún más, atrapando el aire en los pulmones del omega, convirtiendo cada respiración en un esfuerzo arduo. La mujer, con sus manos expertas, manipulaba los cordones con precisión mientras su expresión era de completa concentración y satisfacción. El menor, por su parte, mantenía el porte estoico, aunque su piel comenzaba a perlarse con un fino sudor. Se encontraba sujeto con firmeza sobre la mesa del cuarto, sus muñecas apoyadas en la superficie mientras sus ojos recorrían el caótico escenario que lo rodeaba.
El cuarto era un desastre; prendas esparcidas por todos lados, telas finas que se deslizaban como ríos de seda sobre los muebles y el suelo, accesorios diminutos brillaban bajo la luz cálida del sol. Horquillas desperdigadas, collares entrelazados y aretes de distintos tamaños daban la impresión de que un torbellino había arrasado con un atelier de alta costura. A pesar del desorden, todo parecía cuidadosamente seleccionado, como si cada pieza fuera esencial en la preparación para la gran ocasión.
—Oiga, señora. Disculpe, creo que a mi amigo le dará una embolia de tan sujetado que está ese corset— dijo Yuki sentada en el sofá con absoluta tranquilidad, observando el espectáculo mientras mordisqueaba nueces despreocupada.
La mujer, sin embargo, no se inmutó, simplemente sonrió con una dulzura que resultaba tanto maternal.
—Está bien. ¿Verdad, cariño?—susurró, sus ojos fijos en el rostro de Suguru.
Las ancianas lo habían llevado a su cuarto en cuanto puso un pie en la mansión Gojo. No hubo pausa, ni respiro, ni siquiera la oportunidad de objetar. Desde que entró, fue arrastrado hacia un torbellino de vestuarios, maquillaje y accesorios para la boda, un evento que, aunque inevitable, se sentía más como una sentencia que como una celebración. Quería ser amable, lo intentaba, pero con cada minuto su paciencia se desmoronaba un poco más. Estaba hambriento, agotado, hastiado y exasperado. La irritación burbujeaba bajo su piel como un veneno latente, lista para emerger con la menor provocación.
A pesar de todo, su expresión no reflejaba más que una perfecta calma.
—Estoy acostumbrado—respondió, su sonrisa tan bien elaborada que, de no conocerlo, cualquiera creería que realmente se sentía cómodo.
Haibara paseaba por la habitación, observó la escena con una pequeña sonrisa mientras acariciaba su vientre ligeramente abultado. Dos meses de embarazo, y ya comenzaba a mostrarse sutilmente.
—Eso es cierto. Tiene una cintura envidiable—comentó con un tono jocoso.
La conversación viró hacia el maquillaje. La mujer mayor inclinó la cabeza mientras evaluaba el rostro meticulosamente preparado de Suguru.
—Tal vez deberíamos probar con otro tono—musitó pensativa—. En lo personal, joven Geto, el maquillaje le sienta bien, pero un labial rojo quedaría mejor.
—Yo creo que con un tono melocotón estaría bien—sugirió la rubia.
La mirada de reproche de Geto fue suficiente para hacerla soltar una carcajada.
—Yuki, lo estás fastidiando—intervino Haibara, mientras comenzaba a recoger los kimonos y otras prendas esparcidas por el suelo.
—Lo siento. ¿Estás bien?—preguntó, finalmente, aunque su tono no ocultaba la diversión.
Suguru cerró los ojos un instante. Su cabeza comenzaba a girar, la presión del corset, el calor del maquillaje y todo eso lo empezaba a sofocar.
—Me estoy mareando—admitió finalmente, llevándose una mano a la frente.
El sudor frío bajaba lentamente por su piel. Ni en sus peores pesadillas había imaginado algo así; Pestañas postizas, sombras doradas sobre sus párpados, un ligero rubor que resaltaba sus pómulos con precisión. Sus labios, adornados con un rosa sutil, se veían más definidos que de costumbre. En efecto, el maquillaje realzaba sus facciones de manera impecable, pero no era él. Era una versión estilizada, ajena, casi desconocida de sí mismo.
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𝐿𝑎𝑧𝑜//𝑆𝑎𝑡𝑜𝑆𝑢𝑔𝑢
FanfictionSuguru Geto, un Omega con una técnica de ritual única y poderosa, fue comprometido a la edad de 4 años con Satoru Gojo, el heredero del clan más poderoso y grande de Tokio. Esta unión forzada fue vista como una oportunidad para crear un arma formid...
