Boda 2/2
Las enormes puertas del gran salón de la mansión Gojo se abrieron con un crujido, y un silencio expectante llenó el aire. Todas las miradas de los presentes—miembros del clan, aliados, y algunos rostros desconocidos—se clavaron en Suguru. Sus pasos resonaban en el suelo pulido, cada uno más pesado que el anterior, mientras sentía el peso de los ojos que lo observaban. Algunas miradas eran cálidas, otras frías y juzgonas, como si estuvieran evaluando si era digno de estar allí, al lado del heredero del clan Gojo. Su pecho se apretó, y soltó un suspiro tembloroso, intentando mantener la compostura.
Al pasar por las filas de invitados, sus ojos encontraron a sus hijos. Los cuatro niños, vestidos con ropas tradicionales impecables, le ofrecieron sonrisas radiantes. Tsumiki asintió con entusiasmo, Megumi le dio una mirada tranquila pero reconfortante, y las gemelas, susurraron algo entre ellas mientras le hacían señas de apoyo. Suguru sintió un calor reconfortante en el pecho, y el nudo de ansiedad comenzó a aflojarse. Más adelante, su padre, sentado entre los invitados, le dedicó una sonrisa amplia y orgullosa, sus ojos brillando con una alegría y alivio. El omega le devolvió una sonrisa tímida, sintiéndose un poco más anclado.
Levantó la mirada al frente, y el mundo pareció detenerse. Satoru Gojo, de pie al final del pasillo, imponente y sereno, vestido con una yukata negra tradicional que parecía absorber la luz a su alrededor. Su cabello blanco caía en mechones desordenados pero perfectos, y esos lentes oscuros, que ocultaban sus divinos ojos, le daban un aire casi etéreo, como si perteneciera a otro mundo.
Sintió un rubor ardiente extenderse por sus mejillas. Satoru no era solo hermoso; era magnético, inalcanzable, y al mismo tiempo, de alguna manera, estaba allí, esperándolo.
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De pie en el centro del altar elevado, sintió el aire cambiar cuando las puertas se abrieron. No necesitaba girarse para saber que Suguru había entrado; lo sintió, un torrente de nervios, esperanza y algo más profundo, algo que hacía que su propio corazón diera un vuelco inesperado. Mantuvo su postura firme, sus manos cruzadas detrás de la espalda, los lentes oscuros protegiendo su expresión de las miradas curiosas del clan. Pero cuando giró la cabeza y sus ojos encontraron a Suguru, su respiración se detuvo.
Estaba… deslumbrante. El omega avanzaba por el pasillo con pasos cuidadosos, su Gojo-Kesa de tonos oscuros con detalles dorados abrazando su figura con una elegancia que parecía effortless. El ramo de flores moradas en sus manos temblaba ligeramente debido a los nervios que Satoru podía sentir, pero eso solo lo hacía más humano, más real. Sus ojos, oscuros y profundos, brillaban con un deje de vulnerabilidad y determinación, y cuando se conectaron con los de Gojo, algo en el alfa se estremeció.
Era como aquella primera vez, cuando el alfa tenía 8 años y el omega apenas 4. Recordó ese día con una claridad que lo tomó desprevenido.
El pequeño Geto, con sus mejillas sonrojadas y su cabello desordenado, mirándolo con esos mismos ojos grandes y llenos de curiosidad. En ese momento, cuando sus ojos se abrieron, sus miradas se encontraron por primera vez, Satoru había sentido una chispa, una descarga eléctrica que no entendió hasta años después. Ahora, con el omega caminando hacia él, esa misma chispa volvió, más intensa, más cruda, como si el tiempo no hubiera pasado. Pero esta vez, no era solo un niño curioso frente a él; era el hombre que había elegido, el que estaba a punto de convertirse en su esposo.
El alfa tragó saliva, forzándose a mantener la compostura. No podía permitirse mostrar lo que sentía, no cuando el clan entero lo observaba. Pero por un momento, mientras se acercaba, deseó que el omega pudiera sentirlo, que pudiera saber lo mucho que esta imagen de él, estaba grabándose en su alma.
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𝐿𝑎𝑧𝑜//𝑆𝑎𝑡𝑜𝑆𝑢𝑔𝑢
FanfictionSuguru Geto, un Omega con una técnica de ritual única y poderosa, fue comprometido a la edad de 4 años con Satoru Gojo, el heredero del clan más poderoso y grande de Tokio. Esta unión forzada fue vista como una oportunidad para crear un arma formid...
