Abrió los ojos pesadamente, la luz de la habitación lo golpeó con crueldad, haciéndolo gemir. Cada centímetro de su cuerpo clamaba por descanso, pero el dolor era un recordatorio de la brutalidad con la que lo había follado el albino.
Su espalda y piernas, entumecidas y doloridas, apenas respondían a sus órdenes, no sabía cuántas veces lo habían tomado, la cuenta se había perdido en la vorágine de la inconsciencia, pues cuando despertó la primera vez ya estaba en la habitación del mayor, sintiendo como el miembro del alfa arremetía contra el, en ya su maltratada entrada.
Fragmentos de recuerdos volvieron a su mente, la sonrisa del albino, el sudor salado bajando en su cabello mojado, piel con piel y el aliento caliente en su oído. Cada imagen era un latigazo que lo hacía estremecer. Había perdido la noción del tiempo, pero no la sensación de haber sentido placer.
Su garganta ardía como si hubiera tragado fuego, la boca seca y pastosa por sus fuertes gemidos. La necesidad de agua era un clamor que necesitaba ahora. Se sentía completamente lleno, exhausto hasta la médula. Cada gramo de energía había sido drenado de su cuerpo, dejando solo un cuerpo débil, marcas por todos lados, desde sus tobillos hasta su garganta. Mordidas grandes y pequeñas, marcas ya moradas y rojizas.
¿Había terminado?
Con un gemido de dolor, Suguru se reincorporó lentamente. Su vientre estaba levemente hinchado, ya sabía la razón, todas las veces que el alfa se corrió dentro de el, sentía un entumecimiento en su pelvis.
Con esfuerzo, logró sentarse sobre la cómoda cama en la que había estado durmiendo. Para su sorpresa, las sábanas estaban limpias y frescas, lo cual no contrastaba con la realidad, pues horas antes, había tenido el mejor sexo salvaje y placentero de toda su vida.
Llevó una mano temblorosa hacia su hombro, que le dolía intensamente. Al tocar la piel, sintió la marca que había dejado su Alpha. No era una marca de reclamo permanente, sino una temporal, pero aún así le causaba un poco de frustración y alivio. Sus ojos, aún desenfocados por el dolor y el mareo, comenzaron a ajustarse a la luz de la habitación.
Su cabello, normalmente bien cuidado, ahora era un desastre total. Los mechones despeinados caían sobre su frente y sus ojos, añadiendo un toque de cansancio a su apariencia ya maltrecha. Con un suspiro profundo, trató de reunir fuerzas, preguntándose cómo había llegado a este punto.
Pero lo sabía, claro que lo sabía y no se arrepiente.
Se levantó de la cama, sus pies descalzos hundiéndose en la alfombra de lana, un escalofrío recorriendo su cuerpo al sentir el aire frío en su piel desnuda.
Sus ojos se posaron en las sábanas blancas, donde unas manchas oscuras destacaban como siniestras flores. Gotas de sangre, ya secas, marcaban el camino desde donde se había levantado.
Un escalofrío recorrió su espalda al recordar la pasión y el deseo. La sangre, su sangre, era testigo de la intensidad del momento, dónde su virginidad había sido arrebatada.
Sintió un nudo en el estómago al recordar la brutalidad de la noche anterior, en lo lejos que había llegado en su búsqueda de placer.
Las sábanas manchadas de sangre y el aire impregnado de un aroma a sudor y feromonas. La visión lo abrumó, recordándole la bestia que había desatado el día anterior.
Suguru había quedado atrapado en la excitación del momento, sus caderas estaban destrozadas, pero al mismo tiempo, no podía negar la satisfacción que había sentido al entregarse por completo a sus instintos más primarios.
El día anterior había sido un exceso, posiblemente un error, pero no le importa, había sido una experiencia liberadora.
Tomó la sábana delgada con la que se había estado tapando y se envolvió en ella, antes de si quiera moverse sintió una sensación extraña en su cuerpo.
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𝐿𝑎𝑧𝑜//𝑆𝑎𝑡𝑜𝑆𝑢𝑔𝑢
FanfictionSuguru Geto, un Omega con una técnica de ritual única y poderosa, fue comprometido a la edad de 4 años con Satoru Gojo, el heredero del clan más poderoso y grande de Tokio. Esta unión forzada fue vista como una oportunidad para crear un arma formid...
