El gran salón estaba llena de risas, el tintineo de copas y las suaves notas de una melodía clásica.
La ceremonia de la boda había concluido, y la recepción estaba en pleno apogeo, con los invitados mezclándose. Suguru estaba cerca del borde de la pista en el centro, su cabello oscuro caia agraciadamente en su elegante traje, todavía procesando la intensidad.
Su corazón estaba lleno, pero sus nervios estaban a flor de piel, no por la ceremonia, sino porque su recién estrenado esposo había sido prácticamente secuestrado por un grupo de ancianos de clanes y dignatarios.
Los ojos violetas se deslizaron por el salón, encontrando la alta figura de Satoru en una esquina lejana. El alfa estaba rodeado por un grupo de personas de aspecto importante, algunos del clan Gojo, otros de familias aliadas, que le ofrecían sus felicitaciones con una formalidad rígida. La postura del albino era relajada, con las manos en los bolsillos, pero el omega podía sentir el aburrimiento que emanaba de él.
—Sálvame— bromeó en su mente—Estos viejos me van a hablar hasta que me quede en coma.
Suguru esbozó una leve sonrisa, sacudiendo la cabeza. —Eres el gran Satoru Gojo. Resuélvelo tú solo.
Su atención se desvió hacia la pista de baile, donde sus hijos estaban bailando. Tsumiki giraba con las gemelas, Mimiko y Nanako reían y se pisaban los pies a propósito.
Megumi sin embargo, permanecía rígido a un lado, con los brazos cruzados y el rostro convertido en una máscara de vergüenza adolescente mientras sus hermanas lo molestaban sin piedad. Yuji Itadori tenia una sonrisa radiante mientras miraba al pelinegro. Estaba cerca, intentando seguirle el paso a Nobara, quien claramente estaba frustrada por su falta de ritmo.
—¡Oye, gumi!—llamó la rubia su voz sonando sobre la música.—¡No seas tan aburrido! ¡Ven a bailar con nosotras!
El omega frunció el ceño, su rostro enrojeciendo, realmente no quería y mucho menos con tanta gente.
—No, gracias. Estoy bien aquí.
Tsumiki se rió, dándole un leve empujón. —Vamos, Gumi, no seas gruñón. ¡Es la boda de papá!
—Sí, relájate un poco— añadió Mimiko.
Yuji en ese momento tropezó con los pies de Nobara, levantó la vista con una sonrisa avergonzada. —Estoy haciendo mi mejor esfuerzo.
La castaña resopló, cruzándose de brazos. —¡Tu mejor esfuerzo es un desastre, Itadori! ¡Sigue mis pasos!
Suguru observaba con una sonrisa suave, su corazón aligerándose ante las payasadas de sus hijos. Sus ojos se detuvieron en el pelinegro, que esquivaba las miradas de ese pequeño alfa con un rubor evidente.
—Las miraditas—bromeó el mayor en voz baja, inclinándose hacia Megumi con un brillo travieso en los ojos.
El menor se sonrojó aún más, fulminándolo con la mirada.
—Okaasan, nada de eso.
Nanako soltó una risita divertida.
—Oh, vamos. Todos vimos cómo mirabas a Itadori.
—¡Cállense!—gruñó pero su voz carecía de verdadero enojo, lo que solo hizo que las gemelas rieran.
Antes de que Geto pudiera seguir molestando, la voz de alguien, profunda y arrogante lo interrumpió, quitando el ambiente ligero que tenian en ese momento.
—Felicidades, Suguru Geto.
El omega giro levemente su cuello, sus ojos entrecerrándose al reconocer al hombre frente a él.
ESTÁS LEYENDO
𝐿𝑎𝑧𝑜//𝑆𝑎𝑡𝑜𝑆𝑢𝑔𝑢
FanfictionSuguru Geto, un Omega con una técnica de ritual única y poderosa, fue comprometido a la edad de 4 años con Satoru Gojo, el heredero del clan más poderoso y grande de Tokio. Esta unión forzada fue vista como una oportunidad para crear un arma formid...
