No sé cuándo fue la última vez que me sentí verdaderamente humano. Querido, amado, valorado… tal vez esas palabras nunca han tenido lugar en mi vida. Aunque nací con lo que muchos consideran una bendición, los seis ojos del clan Gojo, para mí esa herencia fue solo una maldición. Un peso que nunca pedí cargar.
Mi madre provenía de la rama principal del poderoso clan Gojo, y mi padre, apenas un hechicero común. En muchas ocasiones he deseado poder retroceder en el tiempo y evitar su encuentro, impedir que sus destinos se cruzaran. Si tan solo pudiera deshacer mi existencia... Aunque hay momentos en los que ese deseo me parece menos apremiante, sigue siendo una sombra que se cierne sobre mí.
Cuando tenía apenas ocho años, el destino decidió enlazarme con un omega. Apenas lo conocía, no tuve tiempo para construir nada con él, para descubrir quién era realmente. Me pregunto a menudo qué habría sido de él si aún estuviera vivo. ¿Se habría convertido en un omega reservado? ¿Quizás alguien apasionado por la música? ¿O habría elegido el camino de los hechiceros? Nunca lo sabré, porque, inevitablemente, su final fue mi culpa.
Siempre he creído que "todos a mi alrededor pueden desaparecer".
Y esa convicción no surgió de la nada; fue una realidad que se me impuso. A lo largo de mi corta vida, fui obligado a defenderme una y otra vez de quienes intentaron asesinarme. Ninguno lo logró, pero, en su afán por destruirme, descubrieron mi enlace predestinado. Esa información fue suficiente para marcar el destino de mi compañero. Acabaron con su vida. Una tragedia que solo fue el inicio, porque sabían que, después de él, yo sería el próximo.
No recuerdo cómo sucedió, ni quién lo hizo, pero lo que sí recuerdo es la calma que me invadió mientras mi cuerpo se apagaba. Era extraño, casi irónico, sentirme tranquilo en el umbral de la muerte. Por primera vez en mucho tiempo, no había ruido, ni expectativas, ni el peso de los seis ojos del clan Gojo sobre mis hombros. Solo estaba yo, Satoru, el niño que nadie veía.
A mi alrededor, las voces se alzaban, preocupadas, pero no por mí. No por el niño que había sido, ni por el ser humano que aun luchaba por "existir". Solo veían al hechicero, al portador, al arma que debía ser protegida o eliminada según sus intereses. Yo no importaba.
Nunca importé.
Mis párpados se volvían pesados, y el mundo a mi alrededor se desdibujaba en sombras y murmullos. Fue entonces cuando un aroma desconocido me alcanzó, suave pero inconfundible. Algo en mí reaccionó, algo primitivo, instintivo. Con la mirada borrosa, logré distinguir unos ojos amatistas, tan perfectos y brillantes que parecían contener un universo entero. No sé qué fue lo que hice, ni cómo sucedió, pero mi cuerpo actuó por sí solo. Antes de darme cuenta, mis dientes se hundieron en su muñeca.
El sabor metálico de la sangre me llenó la boca, y en ese instante, todo cambió. Mi respiración, que había sido errática y débil, se estabilizó. La opresión que me había acompañado durante tanto tiempo desapareció, como si una carga invisible hubiera sido levantada. La fiebre que me consumía comenzó a disiparse, y mi mente, antes nublada, se conectó con algo... con alguien.
Con él.
El destino, siempre caprichoso, había decidido enlazarme con otra persona. No lo entendía, no podía comprender por qué, después de tantos intentos fallidos, mi cuerpo había elegido a ese niño. Pero ahí estaba, marcado por mí, unido a mí de una manera que escapaba a toda lógica.
Y sin embargo, mientras mi cuerpo se recuperaba, mi alma se hundía más profundamente en la desesperación. Hubiera sido mejor morir. Mi vida, ya de por sí un tormento, se había vuelto aún más insoportable.
Porque ahora, no solo cargaba con el peso de mi existencia, ni del mundo, sino también con el de alguien más.
Y eso, eso era más de lo que podía soportar.
ESTÁS LEYENDO
𝐿𝑎𝑧𝑜//𝑆𝑎𝑡𝑜𝑆𝑢𝑔𝑢
FanfictionSuguru Geto, un Omega con una técnica de ritual única y poderosa, fue comprometido a la edad de 4 años con Satoru Gojo, el heredero del clan más poderoso y grande de Tokio. Esta unión forzada fue vista como una oportunidad para crear un arma formid...
