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Meddle about//Chase Atlantic Slow Down// Chase Atlantic

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—Quiero…—balbuceó, su voz ronca y baja, como si las palabras le quemaran en la garganta.—Acostarme contigo todos los días.

Suguru se quedó congelado por un segundo, el calor subiendo rápidamente a sus mejillas. Sus ojos violetas se abrieron con sorpresa, y apenas pudo articular palabra. Lo único que salió de su boca fue un débil.

—¿Qué?

El alfa al darse cuenta de lo que había dicho, se cubrió el rostro con ambas manos, un gemido avergonzado escapando de sus labios. El alcohol lo había desarmado por completo, convirtiendo al hombre más fuerte del mundo en un desastre sonrojado y balbuceante.

—¡Olvídalo! ¡No dije nada!— murmuró entre sus dedos, su voz amortiguada pero claramente mortificada.

El omega no pudo evitarlo, una risa suave y genuina brotó de su pecho. Ver a Satoru así, tan desinhibido, tan humano, le causaba una gracia inmensa. Nunca pensó que apreciaría esta faceta del alfa, pero debía admitir que le encantaba. Le gustaba esta reacción torpe y sincera, le gustaba cómo el alcohol había derribado todas sus barreras. Y, por no decir poco, le gustaba Satoru Gojo. Mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir en voz alta.

Se inclinó hacia él, sus dedos largos y delicados intentando apartar las manos de Satoru de su rostro.

—No te avergüences— susurro bajo y jugueton, rozando el oído del alfa con sus labios. Sintió cómo la piel palida se erizaba al instante, un escalofrío recorriéndole el cuello. —No tiene nada de malo, ¿o sí? Después de todo… eres mi esposo.

El alfa separó ligeramente los dedos, espiando a su esposo con un ojo azul entreabierto. Su rostro estaba rojo como un tomate, y su respiración era un poco más acelerada. —E-eso… eso suena tan raro saliendo de tu boca—murmuró, intentando sonar indignado pero fallando estrepitosamente por el temblor en su voz.

Geto sonrió con malicia, sus dedos finalmente logrando apartar las manos contrarias para revelar su expresión avergonzada. Acarició lentamente las palmas del alfa, luego subió hasta su rostro, trazando la línea de su mandíbula con la yema de los dedos.

—¿Raro? ¿O te gusta demasiado?

Se inclinó más cerca hasta que sus narices casi se rozaban. Su aliento cálido rozó los labios.

—Dilo otra vez, Satoru. Quiero oírlo de nuevo.

Satoru tragó saliva audiblemente, sus ojos azules clavados en los de Suguru como si estuviera hipnotizado.

—Yo… estás muy cerca.

Intentó retroceder pero sin fuerzas reales para hacerlo. Sus manos, ahora libres, se posaron torpemente en las caderas del azabache, como si no supiera si empujarlo o atraerlo más.

Suguru no se movió ni un centímetro. En cambio, deslizó una mano hacia el cabello blanco y sedoso, enredando los dedos en los mechones largos y suaves, masajeando suavemente su cuero cabelludo.

—¿No te gusta?—preguntó, su tono seductor y bajo. Se inclinó aún más, sus labios rozando apenas la oreja de Gojo.—Porque a mí… me encanta verte así. Avergonzado, balbuceando cosas que normalmente nunca dirías. Tan vulnerable… solo para mí.

El alfa soltó un gemido bajo, sus dedos apretando las caderas del hombre sobre el, con más fuerza. El alcohol lo hacía más sensible, más honesto.

—No… no es justo— protestó débilmente, aunque su cuerpo traicionaba sus palabras al inclinarse hacia el toque del omega.

𝐿𝑎𝑧𝑜//𝑆𝑎𝑡𝑜𝑆𝑢𝑔𝑢Donde viven las historias. Descúbrelo ahora