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"Corazón"

El día transcurrió con una sensación de lentitud y monotonía. Suguru se encontraba sin saber qué hacer para pasar el tiempo. Decidió tomar su teléfono y se sumergió en una serie de videos, buscando algo que capturara su atención. Entre los videos, encontró una película intrigante donde un Omega se convertía en el villano, y el Alfa no podía superar su partida. La trama lo mantuvo entretenido por un rato, pero al final, la sensación de aburrimiento persistía.

Con la tarde avanzando, decidió que era momento de intentar algo diferente. Se dirigió a la cocina con la intención de cocinar algo. Sin embargo, su falta de experiencia culinaria pronto se hizo evidente. La señora Sasaki, siempre atenta, observaba todos sus movimientos. Después de varios intentos fallidos y un pequeño desastre con los ingredientes, ella decidió que era mejor que el Omega dejara la cocina. A pesar de todo, logró preparar un té verde y una pasta que, aunque no se veía muy apetecible, resultó ser sorprendentemente deliciosa.

La noche cayó, y con ella, una sensación de vacío y aburrimiento, miró por la ventana, observando las luces de las grandes hectáreas del clan, y preguntándose qué más podría hacer para no morir de aburrimiento. La casa estaba tranquila, y el silencio solo acentuaba su sensación de fastidio. A pesar de los intentos por distraerse, el día había sido largo y tedioso.

Suguru se dejó caer en el mueble, sintiéndose completamente fastidiado. La soledad y el hecho de no salir de casa hacía que fuera aún más insoportable. Aunque tenía la intención de salir, la pereza terminó ganándole la partida. Se quedó mirando el techo, perdido en sus recuerdos, cuando de repente escuchó la puerta principal abrirse y varios pasos resonar en la entrada.

Se quedó acostado, sin moverse, mientras los pasos se acercaban. Reconoció las voces de los jóvenes que acompañaban al Alfa. Parecían estar murmurando algo entre ellos. El pelinegro se incorporó ligeramente curioso.

—Suguru —llamó el Alfa al entrar en la sala.

Suguru lo miró con una expresión interrogativa.

—¿Qué?—respondió.

—No te vayas a poner nervioso—dijo Satoru, intentando sonar calmado.

—Ya me puse nervioso—replicó Suguru, sintiendo cómo su corazón comenzaba a latir más rápido.

—¡Te dije que no te pusieras nervioso!—exclamó Gojo, frustrado.

—¿Vienes y me dices que no me ponga nervioso? ¡Eso me pone nervioso!—El menor se levantó del mueble.

Con una sonrisa juguetona en el rostro, intentó calmar a su Omega—Bien. Pero tranquilo.

Geto, sin embargo, no podía contener su ansiedad. —¡No estoy nada tranquilo! ¡Dímelo ya!

Satoru comenzó a reír, lo que solo sirvió para enfurecer aún más a la contraparte. De pronto, el alfa hizo una seña para que la persona detrás de la pared se acercara. Lentamente Megumi entró, con la cara roja de vergüenza. Su rostro estaba lleno de moretones y pequeñas heridas, y su ojo derecho estaba ligeramente morado. Su uniforme de hechizeria estaba sucio y desordenado.

El Omega, nervioso, se rascó la cabeza al ver a su madre, más pálido que un papel. Suguru abrió la boca, sorprendido, y soltó un gemido antes de dejarse caer en el sillón, incapaz de creer lo que veía.

—¿Qué te paso, Megumi?—preguntó.

Megumi suspiró —Llego una maldición de grado dos, todo se complicó por qué hubieron peones.

—¿Personas?—preguntó Geto dudoso, su ceño fruncido reflejando su confusión.

Satoru colocó una mano en el hombro de su hijo.—Le contaré el resto más tarde, Megumi. Bueno, Suguru—dijo con un tono ligeramente divertido—no te vayas a desmayar.

𝐿𝑎𝑧𝑜//𝑆𝑎𝑡𝑜𝑆𝑢𝑔𝑢Donde viven las historias. Descúbrelo ahora