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"Vulnerable"

—¡SUGURU GETO!

La voz de su madre lleno de furia, se escuchó por todo el lugar. El Omega sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar su nombre ser pronunciado con tanta ira. Su madre apareció en el umbral, su rostro una máscara llena de enojo, los ojos de Suguru se encontraron con los de ella, y por un momento, el tiempo pareció detenerse.

Las jóvenes se quedaron inmóviles, sorprendidas por la repentina interrupción.
Suguru trató de mantener la calma mientras daba un paso adelante, su mente trabajando rápidamente para entender la razón detrás de la furia de su madre. Mimiko y Nanako, observaban con preocupación.

—Madre, ¿qué suced...—comenzó a preguntar Suguru, pero antes de que pudiera terminar, la mano de su madre se estrelló contra su mejilla con una bofetada resonante, su labio empezó a sangrar debido a las grandes uñas que rasgaron su piel, su rostro giro cuando la palma impacto en su rostro. El sonido del golpe hizo eco, y las niñas gritaron al unísono.

—¡Mamá!—exclamaron Mimiko y Nanako, corriendo hacia su madre, sus pequeños cuerpos temblando de miedo. Se aferraron a él, esperando que no estuviera herido.

La alfa, con el rostro contorsionado por la rabia, gritó con una voz llena de desprecio.

—¡Te parece poco, Suguru! ¡Eres una escoria!— La furia en sus ojos era innegable, cada palabra cargada de veneno.

Suguru, sintiendo el ardor en su mejilla, volteó lentamente para mirarla. Su rostro estaba inexpresivo, una calma que ocultaba el torbellino en su interior.

—¿Qué sucede?— preguntó con voz baja y controlada, aunque su corazón latía con fuerza.

—¡Mocoso, me estás haciendo perder la cara!— gritó la alfa, su voz temblando por la ira. —¡Me mandaron un vídeo donde estabas en un club! ¡Un club, Suguru! ¿Qué clase de ejemplo estás dando? ¡Eres una vergüenza para la familia!

Las palabras que salían eran como dagas, cada una clavándose profundamente en su alma, el Omega sintiéndose avergonzado y arrepentido pero se obligó a mantener la compostura.

—Madre, hablemos en otro lado—intentó tranquilizar, pero la señora lo interrumpió bruscamente.

—¡No quiero escuchar tus excusas!—rugió ella—¡Tienes responsabilidades, Suguru! ¡Tienes una familia que mantener y un nombre que honrar! ¡No puedes andar por ahí comportándote como una zorra.

Antes de que pudiera terminar, Mimiko gritó ya molesta por la acusación a su madre.

—¡No tiene ningún derecho para hablarle así!— exclamó, sus ojos al borde de las lágrimas.

—¡Más respeto!—Nanako, igualmente molesta dijo, intentando acercarse a su "abuela" para jalar de su cabello o hacerle algún tipo de rasguño, pero Suguru la tomó por los hombros, deteniéndola antes de que hiciera alguna tontería.

—Nanako, no—la regañó con suavidad, mientras colocaba a ambas niñas detrás de él, protegiéndolas.

La alfa miró a las niñas con desdén.

—Es el colmo, que esos errores me griten— escupió.

El pelinegro sintió una oleada de furia, apretó los puños, sus uñas clavándose en la palma de su mano.

—Por favor, madre, basta.—dijo con voz firme—Vete. Las estás poniendo nerviosas.

Pero su madre no se inmutó, dio un paso adelante, su mirada fija en su hijo.

𝐿𝑎𝑧𝑜//𝑆𝑎𝑡𝑜𝑆𝑢𝑔𝑢Donde viven las historias. Descúbrelo ahora