El Festival de Intercambio entre las escuelas de Tokio y Kioto se llevaba a cabo ese día. Como cada año, el evento anual reunía a los estudiantes de ambas instituciones en combates “amistosos” diseñados para medir habilidades y subir de rango. El año anterior lo había ganado Okkotsu Yuta, dejando a Kioto con un sabor amargo.
Suguru estaba de pie en el terreno de entrenamiento, cerca del bosque que rodeaba la escuela, con las escaleras de piedra a su espalda. Vestía su uniforme azul oscuro habitual, el tejido ajustado acentuando su cintura estrecha y su figura atlética, el cabello largo recogido en una coleta alta que dejaba caer cascadas suaves por su espalda. A su lado se encontraba su alumno beta, Yunpei Yoshino, el joven que había rescatado junto con Itadori. Era su primera vez participando en un evento oficial de la escuela y se veía tímido, nervioso, moviendo los pies inquieto mientras intentaba mantener la postura. El omega le puso una mano en el hombro como un gesto tranquilizador.
A su lado estaban Maki Zenin y Toge Inumaki, sus alumnos compartidos con Satoru. La alfa tenía los brazos cruzados y una expresión fria como siempre, su lanza apoyada en el hombro; Toge observaba todo en silencio, su cuello cubierto por el cuello alto característico de su uniforme.
Más allá, el albino alardeaba con los de primer año emocionado. Yuji sonrria con emoción, saltando de un pie al otro; Nobara revisaba su celular; y Megumi parecía aburrido del mundo entero, con las manos en los bolsillos y la mirada en su padre y su amigo.
A la izquierda, el profesor Haibara sonreía con su pancita cada vez más marcada, flanqueado por las gemelas Nanako y Mimiko. Las niñas de igual forma participarian, estaban tan emocionadas que no paraban de hablar con su profesor y de hacerle señas a su madre desde lejos, aunque de lo único que se preocupaba Suguru es de que las niñas no se sobrepasaran, como en otras ocaciones que tuvo que reprenderlas por jugar con sus objetos malditos.
Desde las escaleras bajaban Utahime Iori, el director de Kioto el anciano Gakuganji Yoshinobu y el director de Tokio, Masamichi Yaga. Detrás venían los alumnos de Kioto, Miwa Kasumi, una omega que llevaba años suspirando en secreto por ver de cerca al famoso Satoru Gojo; Aoi Todo, con su presencia imponente y su energía exagerada, Mai Zenin con su expresión molesta; Noritoshi Kamo, Mechamaru y Momo Nishimiya.
Los alumnos se alinearon frente a frente, separados por una línea invisible de tensión "amistosa". Los maestros se acercaron a los directores. Y entonces Satoru, como si nada, empezó a repartir dulces y recuerdos a todos los jóvenes.
Gakuganji entrecerró los ojos al ver a Yuji entre los de Tokio.
—¿Qué hace él aquí? —preguntó cortante, cambiando su semblante al reconocer al recipiente de Sukuna—. No debe participar. Hay una orden de ejecución pendiente.
Satoru sonrió con burla, muy extraño en el cuando siempre era una persona fria, sin embargo, cada que sonreía habia dos razones detrás.
—Ah, pero si es el director Gakuganji —dijo arrastrando las palabras—. Pensé que la sorpresa te provocaría un infarto, con eso de que estás muy anciano. Participará, después de todo es mi alumno.
Suguru le pellizcó discretamente una costilla para que dejara de ser tan grosero.
—Mocoso infeliz —masculló entre dientes.
—Por favor, señor Gakuganji, no se irrite demasiado —intervino el pelinegro mas por educación que por otra cosa, no le cae bien el anciano pero tiene que fingir y lo hace muy bien.
El anciano lo miró de arriba abajo con evidente desdén.
—Geto… Estamos esperando al niño que cambiará el mundo de la hechicería y hasta ahora no hemos tenido noticias. Es su obligación como omega de un clan prominente y hechicero de grado especial tener un legítimo, ¿no es así? Así era el trato.
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𝐿𝑎𝑧𝑜//𝑆𝑎𝑡𝑜𝑆𝑢𝑔𝑢
FanfictionSuguru Geto, un Omega con una técnica de ritual única y poderosa, fue comprometido a la edad de 4 años con Satoru Gojo, el heredero del clan más poderoso y grande de Tokio. Esta unión forzada fue vista como una oportunidad para crear un arma formid...
