"A veces tengo miedo de mi corazón, y su vez, de su hambre constante de lo que sea que él quiere. La forma en que se detiene y comienza una y otra vez. Lo oigo, su corazón también late con una pasión imposible de contener, un fuego insaciable que lo consume por dentro. Podría arrastrarme hacia abismos profundos o elevarme a alturas inimaginables. Tal vez simplemente busca sentir, sin importar el coste mientras sigo este camino incierto.
Pero en mi defensa diré, que siempre preferí las consecuencias de la duda"
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Satoru Gojo posa la vista de arriba a abajo en Suguru Geto, recorriéndolo de pies a cabeza con ferocidad.
Lo mira desde sus ojos hasta su boca, bajando por su barbilla, su cuello y clavículas. La posa en su pecho con sus bonitos pezones erectos por el jodido frío y marcándose a través de la tela, por su cintura estrecha y finalmente en el par de piernas fundidas en aquellos pantalones holgados. Suguru está consciente de cómo lo mira y no se inmuta, tan solo tiene la vista en su rostro mientras los ojos del Albino bajan por todo su cuerpo, hasta que finalmente sube y se encuentra con sus ojos.
-Número uno. Yo te puedo callar a la hora en la que yo quiera, donde yo quiera, y como yo quiera-. suelta Satoru sin remordimiento alguno y con total descaro.
Suguru alza una ceja.
A pesar de las diferencias y creencias que lo hacen pensar que un Omega debe ser obediente, sumiso y dedicado con su Alfa, él no piensa lo mismo. Sabe que incluso alguien como él puede tener a Satoru en la palma de sus manos y besando cada parte de su piel; por eso, no piensa ser igual al resto. Y también le vale lo que diga.
Es ahí cuando Satoru camina lentamente hacia él. La suela de sus zapatos están manchadas de polvo, pero no le importa. Y Suguru, por otro lado, lleva la vista hacia su entrepierna y puede notar el bulto entre ellas.
Suguru traga.
El Alfa acerca la cara al rostro del pelinegro, pero desvía su boca a su oído.
-Número dos-. Su aliento caliente acaricia su piel. -Siempre obtengo lo que quiero, y sobre todo... A quien quiero-. Ladea su rostro hasta rozar sus labios con el maxilar del chico que mira al frente. -Sin excepciones.
Suguru sigue mirándolo sin decir nada. Hasta que las manos del Omega suben para posarse detrás de la espalda contraria y sus labios son escaneados de arriba abajo. Si pudiera definir en al menos dos palabras la mirada que Satoru le está dando, Suguru diría claramente; malicia.
Éste se acerca al oído del Albino también, y dice:
-¿Sin excepciones? ¿Por qué tan confiado Satoru?-. Esboza en una sonrisa apenas perceptible. -Si dejo que me folles, justo aquí, y ahora, es por que YO quiero, no porque tú lo digas.
-¿A sí?
-¿Cuánto llevas controlándote?-. El placer que aquello le causa a Satoru, no es sano, lo sabe. -Lo sé, llevas tiempo queriendo hacerlo, no te controles conmigo.
Y Satoru ni siquiera titubea en el momento que su mano toma lugar en el cuello de Suguru con fuerza y lo atrae hasta él de manera brusca con otra mano en la cintura. Gime. Su nariz roza la del Omega y sus labios entreabiertos exhalan el aliento que el otro respira.
-No quieres eso, créeme-. Su voz no vacila. -Ten en cuenta algo, yo no hago el amor, yo cojo.
-Entonces cógeme, Satoru. Y no te detengas.
-No seré gentil. No te voy a dar descanso-. La mano que toma su cuello ejerce más fuerza. -Quiero que te quede por días el recuerdo de cómo te cogí desde entonces-. Muerde una de las venas de su cuello y la lame hasta llegar al lóbulo de su oreja. -Quiero observar tus ojos llorando de placer mientras gimes en mi boca. Voy a joderte.
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𝐿𝑎𝑧𝑜//𝑆𝑎𝑡𝑜𝑆𝑢𝑔𝑢
أدب الهواةSuguru Geto, un Omega con una técnica de ritual única y poderosa, fue comprometido a la edad de 4 años con Satoru Gojo, el heredero del clan más poderoso y grande de Tokio. Esta unión forzada fue vista como una oportunidad para crear un arma formid...
