Las pilas de cajas formaron un corral improvisado, Adorable giro para buscar una salida. Era sorprendente como las cajas seguían saliendo del camión de la mudanza, el mismo conductor estaba sorprendido.
—¿Está seguro de que cabe? —pregunto el hombre con evidente preocupación.
—Si no lo hace, la cabra se tendrá que mudar —tanto Megan como Adorable tenían muchas cosas.
Así como Adorable tenía un conjunto de suéteres que nunca usaba, ya iban cinco cajas con la palabra «ropa» escrita en ella. Edward no pregunto si era necesaria tal cantidad, que iba en aumento cuanto más cajas salían del camión. Lección aprendida. Adorable no pensaba lo mismo, una vez que todas las cajas estaban dentro empezo a dar cabezazos a todo lo que estaba en su camino.
—Esta feliz —dijo Megan.
No, más bien esta enfadada, penso. Edward intento llegar a la cocina, tuvo que hacer un camino por medio de las cajas. En serio, como hubiera una iguana en una de esas se iba a casa de su madre con la cabra a cuestas.
—No me había dado cuenta, pero tu casa es muy pequeña —dijo Megan, estaba preparando café.
Una de las cajas cayó debido a los cabezazos de Adorable, lejos de estar asustada retrocedió y dio un salto. Cabra: 1 - Caja: 0.
Sigue así y conquistarás la sala.
—Nuestra casa —Edward paso un brazo por la cintura de Megan y la atrajo, apoyo la barbilla en su hombro, viendo como preparaba el café.
—Este es mio —dijo cuando vio como estira la mano para agarrar la taza—, ni lo pienses.
El sonido de otra caja cayendo lo distrajo, esperaba que no tuviera nada frágil en ella.
—¿Deberíamos preparar una barbacoa e invitar a todos? —pregunto Megan al tiempo que le pasaba su café.
Supuso que con todos se refería a sus familias y compañeros de la empresa, no había tanto espacio para que todos entraran. Si tres cajas desaparecen tal vez podría ubicarlos en ese lugar.
—¿Quién va a hacer la barbacoa?
—Tú. Obviamente.
—Me parece justo. Porque aunque me encanten tus habilidades culinarias no creo que el resto opine lo mismo.
—Mentiroso. Vi como le diste tu parte a Gordon la última vez.
Gordon se quedo durante todo un fin de semana, su mamá se fue a un viaje con sus amigas y no lo pudo llevar. El pekinés hizo berrinches, del tipo que hacen los perros, por ser dejado atrás. Luego, Adorable hizo berrinches porque le quito su sofá y además no le daba atención.
—Prácticamente me rogó para que le diera un bocado —se justifico.
—Ese perro come carne premium en sus comidas, puedes tirarle todas las sobras que quieras y solo te va a fruncir la nariz.
—Incluso tiene su propia habitación y un armario —estuvo de acuerdo.
Gordon fue adoptado como otro hijo de su mamá. Tenía las hermanas y mamá más metiches y dramáticas, un cuñado comprensivo y una sobrina encantadora. Adopto una cabra con problemas de masticar cojines. La compañera de trabajo que dijo que sería el último hombre al que besaría era su novia. La vida daba unos giros que nadie esperaba.
Apostaba a que Matthew pensaba lo mismo. Tenía una extraña relación de amistad, pero no amigos, sino de los que van a citas con Melanie. Incluso iba a las fiestas de té que organizaba Nina.
Ese año estuvo lleno de cambios, como subir a la montaña rusa y no saber cuánto duraba, solo le quedaba aguantar las subidas y bajadas. Pensar que todo eso empezo con un mensaje, que luego tuvo que disculparse por todo lo que conllevo. Pero no cambiaría el resultado por nada. La empresa, HQ Cosmetics, siendo la principal espectadora desde el inicio tenía todo guardado en formato de comentarios, fotos y especulaciones.
—¿Por qué sonríes? —pregunto Megan.
—Soy feliz. Aquí es justo donde quiero estar —le dio un fugaz beso en la mejilla.
Ella oculto su sonrisa con la taza. —Creo que fue una mala idea mudarse en Halloween —las voces animadas de los vecinos se colaron por las ventanas.
En donde vivían todos se lo tomaban en serio, tal y como lo hacían los padres de Megan, no escatimaban en adornos.
—¿Te diste cuenta? En unas horas vamos a tener a niños tocando el timbre y los dulces se perdieron entre la mudanza.
—Improvisaremos. ¿Le compraste algo a Adorable? ¿Una capita y unos cuernos?
—Ya tiene sus propias astas, quienes la han sufrido sabe lo terroríficas que son.
—A mi me gustan. ¿Qué tal suenan zanahorias caramelizadas? —propuso.
—A que nos van a tirar papel por toda la casa.
La conquista de Adorable tiro una lámpara, al juzgar por el fuerte sonido daba por hecho que era su lámpara de pie. Iba a tener que limpiar antes de que la cabra se lastimara. Otra caja se unió a la lámpara.
Megan miró la puerta que llevaba a la sala con evidente preocupación.
—¿Qué está haciendo?
—Se esta familiarizando con todas tus cosas —bromeo.
—Edward.
—Megan.
—Edward, ¿dejaste la puerta abierta?
—Mierda.
Megan salió corriendo detrás de Edward, juntos vieron como la cabra se alejaba dando saltos como si fuera un conejo. Los vecinos que estaban fuera de sus casas miraron asombrados al animal escapar hacia su libertad. Siguiendo los pasos de la cabra iba la joven pareja que no dejaba de gritar.
Finalmente llegamos al final de esta historia.
Gracias a las lectoras que me han acompañado todo el camino.
Gracias a Edward y Megan por estar todos estos años y hacer todo mejor.
La idea al escribir esta novela era crear algo ligero y agradable, una lectura que hiciera que olvidaran el mal día que tuvieron. Un lugar seguro al cual recurrir cuando el mundo real se volviera difícil, porque todos lo necesitamos de vez en cuando.
Voy a extrañar escribir sobre ellos, sobre sus aventuras viviendo juntos con una cabra hiperactiva. Sobre el perro novelero y la familia que lo adopto.
Gracias por todo el apoyo, por estar en cada capítulo con sus votos. Espero que nos volvamos a leer en otro de mis proyectos.
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Mensajes
RomansaMegan recibió un mensaje (del tipo que no se muestra ni a tu mejor amiga) de un compañero del trabajo. Al intentar descubrir su identidad surgen pequeños malentendidos, roces accidentales y un injustificado odio hacia un contable. Campbell es la per...
