Capítulo 40: Penny y Leonard
Un hombre vestido con un traje de tweed de tres piezas estaba parado en la entrada sosteniendo un café en cada mano. Megan volvió sobre sus pasos y se escondió detrás de una puerta. Debería haberle pedido que quemara ese traje y todos los demás que tenía en su armario. Ese hombre tenía el peor gusto para vestir. ¿La estaba esperando así?
Campbell parecía decidido a quedarse en ese lugar hasta verla llegar. El oficialmente saliendo no era el mismo para los dos, al parecer. Para Megan era un: saliendo, pero en la empresa desconocidos. Campbell, en cambio, está listo para anunciar la relación a todo el que estuviera dispuesto a escuchar. ¿No iría a arrodillarse y pedirle matrimonio luego de tan solo unas horas de relación, verdad?
—¿Qué haces? —dijo Melanie.
Su amiga estaba detrás en la misma posición que Megan. Las dos mujeres semi agachadas y resguardadas por la puerta, era una imagen que se iba a difundir con rapidez a la hora del almuerzo. Megan dio un breve vistazo para verificar que Campbell no se dio cuenta del ruido. Melanie la imito, al notar al contador soltó un silbido.
—Solo le falta el ramo de flores.
—¿No ves lo grave de la situación?
—Solo veo a un hombre dulce esperando a su novia.
Megan giró la cabeza con brusquedad, digno de la película del exorcista. Melanie, tan acostumbrada a su amiga melodramática, no se sorprendió sino que, con cuidado, la hizo mirar al frente para que no se lastimara.
—¿Cómo lo sabes? ¿Quién más lo sabe? —se mordió la uña con nerviosismo. Nadie debería estar enterado de lo sucedido.
—Lo acabas de admitir. ¿Qué pretendes? ¿Esconderlo debajo de la almohada para que nadie más lo vea?
¿Tal vez? No pensaba llegar a tales extremos, pero lo suyo era nuevo y estaba fuera de su zona de confort. Lo primero era ver que tan bien congeniaban, luego podían incluir a los amigos cercanos y así sucesivamente. Lento.
—O lo quieres o no lo quieres, decídete. No puedes dejarlo esperando toda la mañana, empieza a dar lastima.
—Tiene que entrar a trabajar en algún momento, es un obseso de la puntualidad.
—Megan —reprendió con su tono de madre.
Si no podía evitar el mal trago al menos debía acelerarlo. De mala gana dejo que Melanie la guiara a la entrada. Mientras más se acercaba más inquieta se sentía, los ojos de todos los empleados la seguían. Campbell sonrió al verlas. ¿Eran susurros lo que escuchaba? La mera idea de que los demás lo supieran le causo malestar. Melanie debió notar que algo andaba mal porque se detuvo. Pero Megan no fue capaz de hacerlo.
Campbell le ofreció el café e iba a decir algo. Megan evito mirarlo, con su corazón golpeando con fuerza dentro de su pecho, continuo como si no lo hubiera visto. Fue como retroceder en el tiempo antes de que hablaran. No vio su rostro, pero pudo imaginarlo con claridad. Con el corazón acelerado por el miedo y la culpa se metió al ascensor antes de que las puertas se cerraran.
Apenas contuvo el temblor de sus piernas mientras salía del ascensor. Brad salió detrás de ella pese a que no era su piso. Fue directo a su escritorio, pero él puso una mano en su espalda y la guió hacía la salita de descanso. Sirvió un vaso de agua y se lo puso en las manos temblorosas.
—Parece que lo necesitas.
Entonces se dio cuenta de que estaba llorando. Lágrimas finas se deslizaban por sus mejillas formando una línea, desde que entro en el ascensor o tal vez antes de salir.
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Mensajes
RomanceMegan recibió un mensaje (del tipo que no se muestra ni a tu mejor amiga) de un compañero del trabajo. Al intentar descubrir su identidad surgen pequeños malentendidos, roces accidentales y un injustificado odio hacia un contable. Campbell es la per...
