Estaba sentada frente al espejo, con el rímel en una mano y un mechón de pelo entre los labios, mientras Kelsea rebuscaba entre mis vestidos colgados, uno por uno, con expresión crítica.
—¿Y si me pongo el negro de tirantes finos con el escote cuadrado? —pregunté, sin mirarme realmente—. No quiero parecer que me estoy esforzando demasiado.
—¿Por qué no quieres parecerlo? —replicó ella sin dejar de mirar la ropa—. Te vas a ver con Billie por primera vez en casi un año. Si yo fuera tú, iría en fuego. Labial rojo, escote y mirada letal.
Solté una risa, más seca que natural.
—No necesito fuego. Necesito equilibrio mental.
—Ja. ¿Y eso incluye llevar gafas de sol al altar de tu casi-cuñado?
—No lo descarto —bromeé, aunque por dentro el nudo en el estómago se iba apretando sin aviso.
Kelsea se giró y me observó desde la puerta del armario.
—¿Estás bien?
Me encogí de hombros.
—Sí. O eso creo. La superé. Estoy bien. Mi vida está tranquila, no me despierto pensando en ella, no reviso su Instagram desde hace meses. Ni siquiera me importa si va sola o acompañada.
—Pero no niegas que verla te va a remover algo.
La miré de reojo.
—Claro que va a removerme algo. Fue mi gran historia triste. La que me enseñó todo lo que no quiero volver a vivir.
Kelsea se acercó con el vestido negro entre las manos y lo dejó sobre la cama.
—Entonces póntelo. Pero hazlo por ti. No por ella. Porque te sientes guapa, fuerte y en paz.
—¿Crees que ella va a venir con alguien?
—Lo importante es si tú vas con miedo —dijo, sentándose a mi lado.
Negué despacio.
—No. Ya no. Solo me siento... incómoda. Como cuando entras a una habitación que solías amar y ahora está vacía. La reconoces, pero no te pertenece.
—Tú no necesitas que te pertenezca nada —sonrió—. Eres suficiente tú sola.
Me apoyé en su hombro un segundo y suspiré.
—Gracias por ser mi recordatorio andante.
—Siempre, mi amor. Ahora vamos a ponernos preciosas. Mañana nos toca sonreír en todas las fotos y fingir que Billie no es Billie.
Reímos. Un poco por nervios. Un poco por nostalgia. Pero también porque, después de todo, yo ya no era la misma. Y eso... también era algo bueno.
[...]
No sé en qué momento decidí que estaría bien.
Supongo que fue esa mañana, mientras me peinaba con los cascos puestos, la música de fondo demasiado alta, fingiendo que la presión en el pecho era solo hambre.
Kelsea había dormido en mi piso, y entre risas y café compartido, me convencí de que todo iba a salir bien, que ver a Billie no era una amenaza, sino solo una posibilidad más dentro del universo de Finneas y Claudia.
Era su boda, no la mía.
Pero cuando el coche se detuvo frente al jardín donde se celebraba la ceremonia, mis manos comenzaron a sudar.
—Respira —dijo Kelsea, con ese tono tranquilo que solo sacaba cuando me notaba a punto de desmoronarme— No es un campo de batalla. Es una boda preciosa. Estamos guapísimas. Y tú eres Mía-fucking-Howland. ¿Vale?
ESTÁS LEYENDO
𝕆𝕟𝕖 𝕊𝕙𝕠𝕥'𝕤 (𝔹𝕚𝕝𝕝𝕚𝕖 𝔼𝕚𝕝𝕚𝕤𝕙)
Fiksi PenggemarLa relación entre Mía y Billie tanto en el presente como en situaciones y momentos en el pasado (+ mensajes de WhatsApp, Instagram...).
