52. Café

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La ciudad tenía esa luz cansada que se arrastra por los edificios como una sábana mal puesta. 

El tráfico era denso, como siempre, pero al menos había música, puse una playlist de las que Billie me había mandado cuando recién empezábamos a salir al principio del todo, esas con temazos de los 2000 y alguna que otra joyita alternativa, el aire acondicionado me golpeaba la cara mientras bajaba por La Brea, rumbo a una cafetería con jardín interior donde había quedado con Claudia, hacía meses que no la veía, las dos andábamos ocupadas: ella entre sus proyectos de diseño y las campañas que no paraban de ofrecerle, yo con las fotos, la vida y Billie.

Y ahora, con algo más, algo que me latía fuerte en el pecho.

Llamé a Finneas. Necesitaba decirlo. A alguien. Y él era la persona perfecta.

—Hey —contestó con su voz de siempre, algo ronca, como si estuviera recién levantado o grabando algo muy intenso.

—¿Estás ocupado?

—Si me dices que se trata de Billie, dejo lo que sea. ¿Qué pasa?

—Quiero contarte algo, pero tiene que quedar entre nosotros. Como... súper entre nosotros.

Un silencio breve, y luego su tono cambió. Más atento.

—Vale. ¿Es algo malo?

—No, pero es algo importante ynecesito que no se lo digas aún a nadie. Ni siquiera a Claudia. Ni a Billie.

Suspiré y bajé la velocidad al acercarme a un semáforo, los coches de alrededor brillaban bajo el sol como si fueran de papel aluminio.

—Voy a irme de tour con Billie.

—¿Qué? —casi se atragantó—. ¿En serio? ¿Como fotógrafa o como novia o... como las dos?

—Como todo, quiero estar con ella, me he dado cuenta de que no quiero verla irse sin mí, que sí, que puedo ocuparme de cosas aquí, que tengo el estudio, que puedo arreglármelas... pero no quiero, quiero estar ahí, quiero despertarme con ella en otra ciudad, tomar café en sitios desconocidos, esperarla tras bambalinas, grabarla desde lejos sin que se dé cuenta. Todo eso.

—Wow... Eso es... joder, Mía, eso es precioso.

—¿Sí?

—Sí, es lo más bonito que me han contado hoy, aunque acabo de despertarme, pero igual.

Reí, girando la calle hacia la zona más tranquila del barrio donde estaba la cafetería.

—Todavía no se lo he dicho, quiero que sea sorpresa, tengo que cerrar algunas cosas con mi hermana, ver cómo organizo las entregas y delego los papeleos del estudio, pero... si todo sale bien, estaré lista para subirme a ese bus.

—Va a alucinar. Y se va a emocionar. Ya la conozco, probablemente llore.

—Sí, y luego querrá hacerlo en el estudio por la emoción.

—Demasiada información, Mía.

—No te hagas el inocente.

Hubo una pausa y luego su voz se puso más suave.

—¿Y tú estás bien? Quiero decir... ¿vas porque lo deseas tú o porque te da miedo dejarla sola?

—Buena pregunta —murmuré, bajando el volumen de la música— La verdad es que... un poco ambas, no me da miedo que ella me olvide o se aleje, no va por ahí, me da miedo lo que Sasha y gente como ella pueden provocar cuando no hay nadie cerca para frenarles.

—¿Sasha volvió a hacer algo?

—Sí, justo el día que fui al estudio, se me acercó, fingiendo normalidad, y luego empezó a decir barbaridades, que Billie era inestable, que no entendía cómo podía estar con alguien así, que la veía como una bomba emocional.

𝕆𝕟𝕖 𝕊𝕙𝕠𝕥'𝕤 (𝔹𝕚𝕝𝕝𝕚𝕖 𝔼𝕚𝕝𝕚𝕤𝕙)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora