No sé cómo explicarlo.
Hay algo en volver al lugar del que proviene tu sangre, pero no tu corazón, que te deja con una especie de vacío tibio en el pecho, como si el aire supiera quién eres mejor que tú misma, pero no te perdonara por haberte ido.
Argentina.
Nunca me sentí de allí del todo.
A veces ni siquiera me sentía de ninguna parte.
Mi madre también es argentina,crecí en California, con una identidad hecha pedazos, pegada con referencias culturales mal entendidas y acentos que se confundían.
Mi padre murió hace unos años, y aunque me dolió, no fue exactamente tristeza. Fue otra cosa. Una mezcla de alivio y rabia, como si al morir me hubiera soltado de algo que me apretaba el cuello desde siempre.
Y ahora tenía que volver a Buenos Aires, a cerrar capítulos legales, a firmar papeles que llevaban su nombre, a enfrentar recuerdos que no pedí.
La noche antes del viaje, hablé con Billie por videollamada.
—¿Estás nerviosa? —me preguntó, en voz baja, como si temiera pinchar una burbuja que aún flotaba.
—No sé si es eso o si estoy cabreada desde hace días sin darme cuenta.
—¿Por volver allí?
—Por todo. Por tener que volver a poner su nombre en mi boca. Por tener que mirar a gente que aún cree que él era un gran hombre. Por tener que fingir que me importa.
—No tienes que fingir nada —me dijo, y su voz fue un bálsamo inesperado—. Solo tienes que hacer lo que fuiste a hacer. No le debes respeto a un fantasma que no te lo tuvo a ti.
Esa frase me la guardé.
Me la repetí en el avión.
Me la dije en voz baja cuando pasé migraciones y volví a respirar ese aire denso, mezcla de humedad y gasoil, que me resultaba tan ajeno como familiar.
Me instalé en un pequeño departamento en Palermo que alquilé por tres semanas.
No tenía grandes lujos, pero al menos tenía un balcón donde fumar y ver el cielo roto por cables, lo primero que hice fue dejar la maleta abierta en el suelo, como si no quisiera aceptar que estaba ahí.
Las reuniones con el abogado empezaron casi de inmediato.
Documentos, firmas, propiedades que ni siquiera sabía que existían.
Resultaba grotesco.
Todo lo que había despreciado de mi padre ahora se reducía a números en un papel.
Una tarde, después de una reunión particularmente desagradable con un primo que ni recordaba, le escribí a Billie.
Mía: Hoy casi le escupo a un tipo en la cara. ¿Eso es legalmente condenable?
Billie: Depende. ¿Había testigos?
Mía: Solo el abogado. Pero creo que se rió.
Billie: Entonces es arte. No crimen.
Mía: Estoy harta.
Billie: Te entiendo. Estoy aquí, por si necesitas desahogarte.
Mía: Gracias. Aunque preferiría que estuvieras literal aquí. Me harías reír. O al menos me traerías vino.
Billie: O te lo robaría. Ya sabes cómo soy.
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𝕆𝕟𝕖 𝕊𝕙𝕠𝕥'𝕤 (𝔹𝕚𝕝𝕝𝕚𝕖 𝔼𝕚𝕝𝕚𝕤𝕙)
FanfictionLa relación entre Mía y Billie tanto en el presente como en situaciones y momentos en el pasado (+ mensajes de WhatsApp, Instagram...).
