A veces, lo único que necesitas para recordar quién eres... es pasar un día sin que nadie te mire.
Y por suerte, hoy era uno de esos días.
Finneas tiene una casa en las afueras, no muy lejos de Los Ángeles, no es ostentosa, pero sí preciosa, con ventanales enormes que dejan entrar el sol y una cocina abierta que parece sacada de Pinterest, Claudia la decoró casi toda, según me contó Billie, con plantas colgantes, tonos madera y rincones de lectura por todas partes.
Nos invitó a pasar el día allí, lejos de fotógrafos, lejos de redes, lejos de todo. Solo nosotros.
Zoe ya estaba en el porche cuando llegamos, con una cerveza en la mano y gafas de sol puestas aunque era media tarde, Kelsea, llegó apenas cinco minutos después, con su energía desbordante y un vestido vaporoso que parecía bailar con cada paso que daba.
—¡Dios! Por fin nos juntamos todos —dijo ella al verme— Ya era hora de un poco de paz sin paparazzis ni fans intensos.
—Y sin miradas —añadió Zoe, guiñándome un ojo— Hoy solo somos personas normales, bueno, más o menos.
Nos reímos las tres mientras Billie se quitaba las gafas y saludaba con un abrazo largo a Zoe, tenían ese tipo de amistad que no necesita palabras, se miraban y se entendían, un vínculo de esos que se forman cuando atraviesas tormentas juntas.
Finneas salió con una bandeja de limonada casera, descalzo y con una camiseta desteñida de los Beatles.
—Qué bueno veros, de verdad, Claudia está terminando unas ensaladas y hay pizzas en el horno, hoy es día de "comer sin culpa".
—¿Eso existe? —pregunté, divertida.
—Aquí sí —dijo Claudia apareciendo con dos bowls enormes de quinoa y aguacate—. Hoy nadie cuenta calorías, solo carcajadas.
Nos sentamos en el jardín, en una mesa larga con manteles de colores, Billie se sentó a mi lado y me tomó la mano por debajo de la mesa, apreté sus dedos, me miró y sonrió, llevaba ese tipo de sonrisa que es solo mía, esa que no pone en entrevistas ni en alfombras rojas, la sonrisa de casa.
—¿En qué piensas? —me susurró.
—En que te quiero más cuando estás despeinada y sin maquillaje.
—Qué suerte que hoy estoy ambas —respondió con una carcajada.
Después de comer, Zoe sacó un altavoz y puso música, bailamos, bueno, algunos más que otros, Kelsea se adueñó del césped con pasos que mezclaban ballet, salsa y TikTok, Claudia no paraba de reírse y grabarla, Billie y yo bailamos lento, solo por el gusto de estar cerca.
—¿Eres feliz ahora mismo? —me preguntó de pronto.
—Mucho —respondí sin pensar—. Me siento... libre, como si nadie pudiera tocarnos.
Ella apoyó la cabeza en mi hombro.
—Ojalá tuviéramos más días así.
—Podemos hacerlos, solo hay que priorizar lo que importa.
—¿Tú? —me susurró.
—Siempre.
Ya en la tarde, nos tiramos en mantas bajo la sombra de un árbol. Kelsea y Zoe se pusieron a hablar de una serie absurda de crímenes, Claudia trasteaba con unas fotos analógicas y Finneas tocaba una guitarra bajito, casi como banda sonora de lo que vivíamos.
Yo tenía a Billie recostada en mi regazo, sus ojos cerrados, su respiración tranquila, le acariciaba el pelo con movimientos lentos, era una escena tan pacífica que me dolía de bonita.
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𝕆𝕟𝕖 𝕊𝕙𝕠𝕥'𝕤 (𝔹𝕚𝕝𝕝𝕚𝕖 𝔼𝕚𝕝𝕚𝕤𝕙)
FanfictionLa relación entre Mía y Billie tanto en el presente como en situaciones y momentos en el pasado (+ mensajes de WhatsApp, Instagram...).
